Decíamos ayer, que lo que no le perdono a Pedro Sánchez y sus adláteres, es que me estén polarizando. Tanto es así, que hoy me he sorprendido yo mismo escribiendo este artículo. Pero es que, cada día, se hace más patente la condescendencia de esta deriva “sanchista” (me merece mucho más respeto el PSOE) con los radicales, independentistas y antisistemas; lo que está llevando al gobierno de España al sectarismo más rancio y radical. Prueba de ello es el intento de aprobar leyes extremas, que incluso impiden a los ciudadanos expresar sus ideas con libertad (que eso es lo que hace la que reprime el sagrado ejercicio al Pensamiento libre y la Palabra -hablada o escrita- para manifestarlo)

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Ayer, mientras viajaba hasta Cañada Rosal con dos queridos amigos moreneros, uno de ellos, Antonio Rojas Barea (socialista él de los cabales, de los comprometidos, de los de toda la vida), les confesaba que lo que no le perdono a Pedro Sánchez, es que esté polarizando a los españoles como nunca antes lo habían estado en nuestra Democracia.

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Hace unos días me aclararon que, según el lenguaje jurídico, lo que ha pasado en el Palacio de Peñaflor puede no llamarse “expolio” y, la verdad, yo no sé cómo lo llamarán los que saben más que yo sobre jurisprudencia, pero según la R.A.E., se considera así a “Despojar (a alguien o algo) de forma violenta o ilegal”. Es decir: un expolio es un robo por muy temprano que amanezca.

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Susanita tiene un ratón y, como no adelante las elecciones, se queda sin él. En el fondo, es lo único que pasa.

A nivel nacional, el líder de su partido anda dejando flecos y pelusillas por todas partes: en cuanto hay un buen marrón en España (léase Generalidad de Cataluña y sus ocurrencias) empieza a hacer mutis por el foro, se sube al avión oficial y se quita de en medio más raudo que el ratón de marras. Yo no sé si lo del doctorado de don Pedro será verdad o mentira, pero lo que es una carrera, a Sánchez le salen mejor que a Ussain Bolt.

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Siendo tiempo de balance,
fijado el hito o mojón,
ya pasados los cien días
de aquella ilusa moción
con la que quiso intentarse
gobernar esta nación
con ochenta y pocos votos
y una mezcla a mogollón,
ya es hora de hacer las cuentas
y saber lo que pasó:
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