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Todo hace proveer que en fechas próximas se van a llevar a cabo el reinicio de las obras del edificio municipal (hay que recordar que ha estado más de diez años  cerrado y apuntalado) nos ha movido para  rememorar algunos datos históricos que pueden ser de interés.

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El edificio que data del siglo XIX no tenía las dimensiones apropiadas para ejercer las funciones pertinentes puesto que compartía la estancia con la antigua cárcel. Estas dependencias se comunicaban mediante una puerta falsa y a la cárcel se accedía por la calle del Conde, hasta que ésta fue trasladada a un edificio situado en la Plaza de Puerta Cerrada.

Posteriormente, se fueron anexionando sucesivamente diversos edificios hasta invadir casi totalmente la manzana delimitada por las Plazas Mayor y Santa María, y las calles Mandobles y del Conde. El resultado fue un conjunto caótico que exigía una remodelación total: una vez más es el arquitecto provincial Balbino Marrón el encargado de realizar el proyecto bajo un esquema de fachada clasicista. Debido a dificultades presupuestarias y de adquisición de las casas colindantes, las obras se paralizaron en diversas ocasiones.

La conclusión definitiva de las obras tuvo lugar en los años ochenta del siglo XIX. Para llevar a cabo la ampliación de las Casas Consistoriales fue necesario adquirir a María Dolores Baillo y Justiniani, vecina de la villa de Campo de Criptana, una casa de tres plantas, comprendida entre el centro de la fachada principal y el salón de sesiones con una superficie de 46 metros cuadrados. La compra por precio de 6.500 pesetas se lleva a cabo en ejecución de un acuerdo plenario presidido por el alcalde Pablo Coello y Díaz, de fecha 23 de mayo de 1887  que se materializa mediante escritura pública autorizada por el notario de Écija, don Manuel García de Soria.

Las obras de la última fase de la fachada fueron adjudicadas en subasta pública celebrada el 21 de julio de 1887, a Joaquín María Muñoz Escalera, por 23.493,64 pesetas, pactándose como duración de las mismas cuatro meses a partir del otorgamiento del documento público notarial en el que se dice «que las obras se ejecutarán en todo a las formas y condiciones de las ya construidas con anterioridad puesto que son una continuación de las mismas».

Cuando ya se completaban las obras y se concluyó el templete que corona la fachada principal de las casas consistoriales, en un medio escrito local  se podía leer: “creemos que el municipio debiera comprar un reloj para la misma, pues el que existe solo anda a fuerza de las continuas visitas del señor Galisteo”.

 Las primeras noticias que tenemos del actual reloj nos viene de la  sesión plenaria  celebrada de 19 de marzo de 1888 y que estuvo presidida por  alcalde Pablo Coello y Díaz. En ella se dio lectura a una proposición que a la corporación dirige  José Oliva, relojero constructor, establecido en la capital de la provincia, obligándose a “facilitar y colocar  en este edificio un reloj de los llamados de torre por la cantidad de 3480 pesetas, el cual ha de tener cuerda para 30 horas, con movimiento de sonería para dar las horas y medias horas y repetición de las primeras las ruedas primeras de bronce con diámetro de treinta y dos a  treinta y tres centímetros, esfera con molduras dorada, de un metro cuarenta centímetros de diámetro, de cristal grueso de una de espejo, campana de bronce de 300 kilos de peso y accesorios que detalladamente consta en la indicada proposición”.

Tres meses después, es decir en la sesión  celebrada el 4 de junio de 1888) se leyó una instancia del mencionado José Oliva con quien se tenía contratada la construcción y colocación  del reloj en la que  expone “la campana al efecto construida tienen 402 kilogramos o sea, 102 kg más de los que tiene obligación de facilitar, por lo que ruega  a la corporación si aceptándola está dispuesta a abonar la suma de 357 pesetas que es el valor del indicado aumento. La municipalidad atendiendo  a las notables condiciones de dicha campana acordó aceptarla y que la mencionada cantidad de 357 pesetas sea satisfecha con cargo al capítulo de imprevistos por no ser bastante el crédito presupuestado para formalizar este gasto y los demás relativo a la reforma de estas casas consistoriales.

Por otra parte, el reloj que debía coronar las Casas Consistoriales llegó por ferrocarril a Écija un viernes del mes de junio de 1888. Con ello se ponía fin a las obras de la fachada principal. La expectación de la población fue enorme toda vez que según se leía en El Cronista Ecijano, «el reloj es de lo mejor qué se conoce, siendo todo el engranaje de las ruedas de bronce. La esfera es de cristal de una sola pieza. Mide 1,40 metros y la campana es de buen timbre y las horas que marque se han de oír en todo el recinto de la ciudad».

El reloj y su campana se encontraban ya instalados el 24 de junio de 1888. Por la información recogida en la prensa de la época, las pruebas no fueron del agrado de los ecijanos ya que defraudó todas las expectativas que se habían suscitado. Es el mismo medio local el que se lamentaba de ello señalando que "el sonido de la campana es algo opaco, bien por la oscilación de ella, por el martillo o por no ser de buena calidad, cosa que no podemos precisar por ser incompetente en el asunto pero lo cierto es que no se oye las más de las veces desde los mismos alrededores de la Plaza y cuyo defecto ha de corregirse".

Este medio local concluía con el siguiente tenor: «De todos modos damos la enhorabuena al Ayuntamiento por las mejoras llevadas a cabo y continúe por ese camino, que es el que debe servir de norma a todo munícipe»1. El tema quedó zanjado con la llegada a Écija del técnico en estas materias, el citado José Oliva, quien graduó el golpe del martillo de la campana, quedando el reloj a plena satisfacción de la población. Si bien el contrato para la construcción y colocación  del reloj se firmó con el sevillano José Oliva,  éste relojero no fue  el quien la construyó y de ello da fe la inscripción que existe en la campana y que haremos referencia más adelante.

Como ya se sabe la campana del reloj fue desmontada y trasladada a las naves municipales a la espera de las obras de rehabilitación. Aprovechando su traslado a las referidas naves y al estar la campana en el suelo se hizo un reportaje gráfico que nos ha dado la oportunidad de comprobar  que la misma tiene la siguiente  inscripción:  “Ayuntamiento presidido por Don José Coello y Díaz.  Écija 1888. La hizo Juan Japón. Sevilla”.

Esperamos que a la conclusión de las anheladas obras del Ayuntamiento de Écija volvamos a oír los toques de la popular campana del reloj  y que  pueda ser escuchada con gran satisfacción de la población.

1 Archivo Municipal. El Cronista Ecijano 24 junio 1888. Número 331.

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