“Tipografía”

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Le conocí hace 30 años prácticamente empezaba en los medios de comunicación a trabajar. Siempre fue conmigo como un Maestro al que imitar y respetar. Su amor por Écija y por su gente lo dejó de manifiesto en todo lo que hacía. Sus pregones, meditaciones, presentaciones de libros, recitales siempre fueron un éxito. Su carácter afable hizo de él un señor del arte de la caballerosidad y de la generosidad. Tan generoso fue que compartía con todo el mundo sus investigaciones, sus publicaciones, su amor por una Écija que le nombró Marqués y Señor de estas tierras.

Querido Ramón nos has dejado vacíos de tus escritos semanales, que ya se habían espaciado en el tiempo, pero que con tantas ganas esperábamos cada lunes cuando nos acercábamos al correo electrónico para ver la correspondencia digital. Ahí estabas con tus felicitaciones navideñas, con tus invitaciones a compartir todo lo que hacías.

¡Te has ido, pero cómo lo has hecho!

Ramón Freire Gálvez se ha ido dejando atrás a una familia que le ama infinitamente, ha dejado sembrada una semilla que perdurará en generaciones venideras. Ha emocionado a sus amigos y a alumnas como yo que deja sin desearle un gran Jueves Santo.

Quién no recuerda aquella introducción que hizo en su pregón de Semana Santa del año 1990 en la que llegado el turno que dedicaría a su hermandad de la Sangre él comenzaría diciendo aquello de… ¿y ahora qué?

Ahora ya estará de Tertulia con otro de los Maestros ecijanos, Juan Gamero Soria, y con tantos y tantos otros que un día partisteis en busca del abrazo del Padre y que nos dejasteis embargados por la emoción de una partida irrevocable probablemente a un mundo mejor, quién lo sabe.

Ramón siempre supo buscar en el fondo de nuestra historia aquellos motes que todo buen ecijano tiene; pintó en color sepia las torres y espadañas y contó la historia de la intrahistoria en el cronicón ecijano. Ayer todos nos quedamos perplejos ante la noticia de su partida con nuestro Dios.

Se ha ido un caballero, un señor de las letras, un ecijano muy querido por todos. Un Maestro para ésta que les escribe y para muchos de los que bebimos de sus investigaciones. Se nos ha ido un corazón rojo y blanco; el abuelo más abuelo, el amigo más amigo.

Desde el balcón del cielo ya grita sus vivas a Écija, los vivas a sus gentes.

¡Hasta siempre Maestro, hasta siempre Señor Marqués!

                                                                                  María del Valle Pardal Castilla

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