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Esta semana nos sacudió de nuevo el terrorismo; y otra vez en Francia: en Niza. Ahora fue un ciudadano francés de origen tunecino, pero francés a fin de cuentas. Recordé la visita que giré al Barrio de Saint-Denis en mi primer viaje a la capital francesa y cómo mis amigos galos me advirtieron que era mejor no acercarse mucho por allí: un barrio casi exclusivamente musulmán, habitado desde hacía décadas por los inmigrantes magrebíes de las excolonias

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Señor Belenguer: 

Permítame, en nombre de mi padre, de mi hija y en el mío propio, escribirle estas letras, para expresarle mi enorme sorpresa por las que usted vomitó, tras la muerte de un ser humano, confesándose “un ciudadano muy educado hasta el punto de ser maestro…”.

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Cuando en 1856 Darwin publicó “El origen de las especies” y propuso su Teoría de la Evolución, para sorpresa de la Historia, fue aceptada rápidamente por los ingleses más influyentes de una Sociedad Victoriana, tan conservadora de las costumbres y la moral cristiana, como era aquella de mediados del siglo XIX; pero es que Darwin, con su teoría, le ofrecía a sus paisanos el mejor argumento para justificar el expansionismo colonial. Las especies evolucionan adaptándose a su entorno y, por tanto, si hay hombres blancos que viven civilizadamente y otros muchos (negros, amarillos y cobrizos) que no han conseguido ese grado de civilización, es porque Dios ha dotado a los blancos –y, sobre todo, a los británicos- de una mayor capacidad e inteligencia y, por tanto, son los que deben asumir el papel de “padre-administrador-amo” de los demás hombres. Teoría simplísima ésta, pero que venía a otorgarle patente de corso al decimonónico Imperio Británico –ante Dios y ante las otras sociedades del Mundo- para poder invadir a su antojo y poder llevar a los puntos más alejados del Planeta la “civilización” de la Gran Bretaña.

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Hace muchos años –a finales de los setenta- me propusieron, por primera vez, la lucha Política. Por aquel entonces, casi todos los jóvenes éramos vírgenes en estos asuntos, pero teníamos claro dos cosas: que había que aprender de los que ya llevaban años luchando y que había que arrimar el hombro para salir adelante, codo con codo, con otra gente de muy distintas tendencias; porque, lo que realmente importaba, era consolidar definitivamente en nuestro país un Sistema Democrático que funcionara.

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