“Tipografía”
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Pasó la Magna y fue magna; tanto, que en el balance final, ni siquiera merece la pena considerar la cantidad de desatinos que unos pocos sufrieron y que casi nadie apercibió.

Sombrerazo por el Pueblo, por su hospitalidad con los forasteros, por su comportamiento, por su civismo, por su participación. Sombrerazo por los servicios públicos de limpieza, que consiguieron asombrar a propios y extraños con una amanecida de calles impolutas al día siguiente del evento. Sombrerazo a los medios acreditados oficialmente y a los no acreditados, que se buscaron las papas, pero que no dejaron de dar noticias a diestro y siniestro. Sombrerazo por las Hermandades -por todas las Hermandades de nuestra Ciudad- que, sin pedir nada a cambio, echaron la casa por la ventana y salieron con lo mejorcito de cada una, para rendir pleitesía a su Reina.

Era un homenaje y, como se pretendía, resultó un magno homenaje. Desde hace muchos años, no se habían visto tantas mantillas por las calles de Écija… y la mantilla es un homenaje individual, una forma que tiene la mujer de mostrar sus respetos a los momentos inolvidables que vive; y, en una procesión de Gloria, caben todos los colores en la ilusión de quien la lleva: sobre todo, cuando una mujer se la pone como alabanza, como la  mayor muestra de cariño a su Madre.

Precisamente, hay quien dice que, sobre gustos: los colores. La verdad es que nadie debería juzgar los gustos de los demás cuando cada cual tiene el propio. Lo que sí está claro es que quien, en un día como el Domingo pasado, se engalana con lo mejor que posee para cumplir un deseo y materializar una ilusión, rindiendo homenaje al Inmaculismo, se merece todos los respetos del mundo… por lo menos, el mío lo tiene.

Sombrerazo, pues, para todos las ecijanas y para todas las mantillas.

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