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Francisco Fernández-Pro: Letras breves...Mi Dios diferido.-Dios no se me reveló directamente, sino que me llegó diferido. Fue justo cuando mi entendimiento tuvo conciencia, no sólo de lo que quería para mí, sino de lo que tenía que querer y hacer por los otros. Fueron mis padres –Antonio y Toti- los que estuvieron allí para mostrármelo, sin yo apercibirme siquiera de la suerte que tenía con tales testigos. Ellos no me hablaron de carretilla -y, por tanto, obviaron un montón de cosas que siempre se dijeron de Dios-; hicieron mucho más: me lo mostraron desde la inevitable dimensión de sus cicatrices y la firmeza inmensa de la Fe, la Paciencia y la Esperanza con la que vivieron su Calvario.

Por eso, pienso, que el Dios que me mostraron era tal cual; no un Dios rígido de catón, de púlpitos apocalípticos, de inalcanzables propósitos, sino un Ser presentido, cercano, pleno de Bondad, Misericordia y Justicia: lo que debe suponer y en lo que debe sustentarse –digo yo- la propia Naturaleza del Amor.

Por eso sé que la Caridad es la antítesis del odio y no admite infiernos ni venganzas. A los que me quieren argumentar un Dios Justiciero para excusar esos infiernos y esas venganzas, yo les respondo que la infinita sabiduría de quien es El Justo, no puede condenar al que es víctima de sus propios e indeseados límites e imperfecciones.

Pasó la Noche de Reyes y nuestros hijos recibieron sus regalos: hasta aquellos que nos cabrearon más insistentemente, consiguieron lo que pudimos darles… y no es así, porque nosotros seamos más benévolos que justos, es porque el Amor (cuando es Amor de verdad) sólo sabe del cisco que calienta. Quizá por eso es que -aunque haya sido un Dios diferido el que aprendí- o por propia bondad suya o por necesidad nuestra, ese Dios Amor (tan amable, tan Esperanza), cuando nos despistamos entre las cosas, tiene siempre la cualidad del retorno.

… Y fueron también mis padres -cuando me mostraron a este Dios (puro Amor, Justo, Misericordioso, Paciente, Necesario, Cercano y Esperanza del Hombre)- los que me enseñaron que, además de Dios, se llamaba Yhaveh y se llamaba Alá.

Francisco Fernández-Pro

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