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Francisco Fernández-Pro: Letras breves... Un brindis por MarcelinoQuerido Hermano Marcelino:

Mi primer brindis del año ha sido por ti. Justo cuando se cumplía el primer aniversario de tu huída. Te confieso que hoy no me cuestan tanto estas líneas como la primera vez que te escribí tras tu ocurrencia. Entonces, todos me pidieron que escribiera unas palabras en tu memoria (hasta nuestro amigo Don Fernando, el cura); yo me negué, porque no me salía nada. A los pocos días, se me ocurrió hacer lo que siempre hacíamos cuando nos sentábamos frente a frente y hablábamos los dos: abrir el corazón de par en par y dejar que fluyera la Palabra entre nosotros.

De esa forma fue como desbloqueé mi mente; y, como ahora conozco la fórmula, me resulta más fácil hacerlo; aunque, la verdad, es que la cosa tiene su miga, porque –haciéndolo así- lo mismo puede surgir un elogio que una barbaridad. Pero como eso tú ya lo sabes y me lo perdonas, porque a los dos nos pasaba lo mismo y teníamos el compromiso de no borrar nada hasta que el otro lo leyera, dejo que la cosa sea como siempre fue. Ambos estuvimos de acuerdo en que las palabras que fluyen libremente, son las auténticas, las que son, las que deben ser, las que sentimos; y, por eso, entre nosotros nunca quisimos que hubiera otras.

Querido Hermano, hoy sigo vislumbrando tu mirada cierta, la que te dije: la más profunda, la más tuya, la más comprensiva, la más entrañable, la más en paz… Esa mirada que tenías -y de la que yo te hablé- la última vez que nos miramos a los ojos frente a frente. La mirada que, durante todo este año, ha salvado cualquier sospecha.

¿Sabes, Marcelino? No acabaste de marcharte. En eso te saliste con la tuya. Supiste dejar tanta huella en este miocardio mío -que no acaba de rendirse- y en estas neuronas mías –que tanto trastearon junto a las tuyas-, que hiciste imposible la marcha. Es más: cada día que pasa me convenzo de que sólo sentiré que te has ido, en el instante después de marcharme yo.  Quizá, así, partiremos juntos otra vez a soñar versos por cualquier parte, desde cualquier espacio, en cualquier dimensión, a través de esos mundos que yo desconozco y que tú recorres desde hace un año,… No lo sé: ya me irás diciendo tú, a medida que marchemos con las estrofas a cuestas (que, además, a ti siempre te gustó eso de hacer de Cicerone)

Mientras llega, querido Hermano, quiero que sepas que permaneces tan en mí, que anoche -cuando alcé mi copa por ti, un año después de tu aparente huída- sólo me bastó cerrar los ojos un instante, para seguir hallándote como siempre, para seguir amando tu presencia.

Francisco Fernández-Pro

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