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Francisco Fernández-Pro: Letras breves... Javier Beviá: de pilotos y quijotes .-Acabo de llegar a casa, tras el almuerzo-homenaje que la Asociación “Virgen de Loreto “– que reúne a todos los profesionales ecijanos relacionados con las actividades aéreas- le han brindado a mi buen amigo Francisco Javier Beviá Molina: Javier Beviá; y, como Víctor estará esperando mi artículo para Las Letras Breves de mañana, antes que nada me siento en mi despacho para escribir sobre el espíritu de estos hombres que siempre andan por las nubes.

Sin embargo, lo primero que –cuando se alza la vista- se puede distinguir en mi despacho, es lo que yo llamo el “Rincón de los Quijotes”. Un pequeño espacio sobre la estantería de entrada, donde coloqué las imágenes de los tres quijotes más entrañables que hallé en mi vida: mi padre, Antonio, y mis hermanos Tomás Beviá y Marcelino Fernández Piñón. Junto a ellos, la figura de un quijote plateado con rocín de madera, que mi esposa me regaló cuando, hace ya siete años salimos del Hospital Virgen del Rocío. En esa imagen, ella puso una placa con una inscripción que dice: “Porque, juntos, seguimos luchando contra gigantes”

Hoy tenía que estar con Javier: por él, por mi hermano Rafael Benjumea –presidente de la Asociación-, pero también por mi Maestro Tomás, por mi Hermano Tomás (uno de mis quijotes…)

Observando a Javier, sentado en la mesa presidencial, recibiendo las alabanzas de los muchos que lo quieren, adiviné a Tomás: sus gestos, su enorme humildad de hombre bueno, su pasión por servir, su inmensa dignidad humanista. Se lo dije a Javier, señalándole las alas de piloto que lucía en su pecho: “Lo tuyo estaba en los genes…” y recordé lo mucho que mi Hermano Tomás soñaba en los espacios siderales, en las galaxias infinitas, en la fuerza –casi alucinada- con la que ansiaba alcanzar el “Último Lucero”.

Esto de volar, no sólo es cosa de pilotos –pensé-, es también asunto de quijotes. Tanto los unos como los otros, se elevan sobre la tierra siendo hombres y vencen la gravedad de la materia; tanto los unos, como los otros, hayan su pasión y defienden su verdad, más allá de cualquier miedo (¡qué bien lo definió Pepe Díaz Baena!).

Esto de andar revoloteando por las alturas –los pilotos, los poetas, los quijotes- es lo que tiene: que parece cosa extraña, casi de alucinados. Sin embargo, lo importante para un hombre (y eso me lo enseñaron, también, mis quijotes), es mantener en todo momento la dignidad intacta, aún perdidos en las nubes más extrañas, aún ignorados por los rincones más recónditos,… porque, aunque los demás no entiendan nuestro vuelo, ni nuestra lucha, ni nuestro empeño, ellos no dejarán de ser hombres, mientras las nubes seguirán siendo nuestras.

Francisco Fernández-Pro