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Francisco Fernández-Pro: Letras breves... De molt honorable a hideputa.-​Cuando comenzaba toda esta movida separatista en Cataluña, ya lo advertí en un artículo: todo esto es humo. Cortinas densas de humo que CiU fabricaba para que, en estos momentos –en los que se están poniendo al día las cuentas de las Administraciones Públicas-, no se reparare en la pésima gestión que, durante años, habían realizado políticos que, abusando de la confianza del Pueblo, se aficionaron al despilfarro, a la prevaricación y al robo. Individuos sinvergüenzas y mangantes, capitaneados por Jordi Pujol, el “molt honorable”, que ahora -como le han retirado sus privilegios- ha dejado de serlo, para ser nombrado “ciutadá normal” (“ciudadano normal”, a secas)

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Pero, aún descubierto el pastel de la forma que se ha hecho -y con el pestazo a podrido extendiéndose desde Alcanar hasta Molinis y de Toñal del Rei a Cap de Creus-, el Presidente de la Generalidad de Cataluña sigue en el empeño independentista, quizá porque, de tanto berrear, se le ha quedado gripada la marcha atrás… y eso, que este estado de cosas está dando lugar a situaciones esperpénticas.

​Los telediarios del miércoles nos mostraron a un joven que, en presencia del que fue delfín, hombre de confianza y brazo derecho de Pujol, no se le ocurrió otra cosa que comenzar a vitorear a España. Ipso facto la policía le exigió que se identificara. Me asaltó una pregunta: ¿por qué se actúa así contra un español que, en España, vitorea a España?; ¿por qué no se actúa contra el político que, públicamente, aboga por el separatismo anticonstitucional, incita a los ciudadanos de su área de influencia a la desobediencia civil contra el Estado, chantajea continuamente al Gobierno y amenaza con saltarse la Ley a la torera, sea como sea y pese a quien le pese?...

Se ve que hay políticos filigranas en eso de escaldar al prójimo, capaces de quedarse con la gente y con lo que no se debe, confundir con humo y, después de tanto despropósito, rizar el rizo, ponerse chulo, amagar… y conseguir que trague hasta el más pintado.

​De todas formas, este asunto lo tengo claro: el que roba es un ladrón, pero puede tener necesidades que lo excusen de sus actos; sin embargo, el que roba lo que se le confía, no sólo sin tener necesidad alguna, sino gozando de privilegios extraordinarios derivados de esa confianza, más que ladrón, es una mala persona (un mamonazo en toda regla, para que nos entendamos).

Pero, si además de todo esto -para que no se noten, ni se investiguen sus fechorías-, alienta cortinas de humo que ponen en peligro la convivencia de las gentes, aunque lo hayan degradado oficialmente de “Molt Honorable” a “ciutadá normal”, a mí no me vale; porque eso de “ciudadano normal”, nada de nada…

Perdónenme el desahogo pero, para mí, un individuo así, es un “peazo de ladrón hijoputa” (así, tal como suena en andaluz castizo).

Francisco Fernández-Pro

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