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Francisco Fernández-Pro: Letras breves… El paredón de Marinaleda.-Fue en Marinaleda. El pensamiento me sobrevino como una descarga cerrada contra aquel muro. En la pared multicolor, los niños y los jóvenes habían pintado dos banderas: una, con la cruz gamada dentro de un círculo de prohibición (condena de lo que no debe volver a ser nunca); la otra, roja -con la hoz y el martillo-, enarbolada por gente del pueblo (estandarte de lucha contra la tiranía).

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Los datos me acribillaron y la reflexión, una vez más, me mostró la burda manipulación de la ignorancia; el interés de algunos sectores para que la verdad sólo se estudie parcialmente; la falta de compromiso de los demócratas ante una verdad que puede resultarnos políticamente incorrecta.

Los nazis mataron a más de seis millones de personas. Por suerte, el Mundo reaccionó y la cruz gamada quedó en la memoria, solamente como el símbolo terrible de un Sistema Político creado contra toda razón y derecho de los hombres.

Pero cualquier terror es terror y los extremos se tocan y se confunden. El nazismo fue vencido y condenado universalmente; pero, ¿quién condena el otro extremo de la barbarie? ¿Cómo se puede enarbolar la bandera de un Sistema –el Comunista- tan criminal como el de las cruces gamadas?

Los datos son contundentes: las víctimas del Comunismo, los genocidios a manos de quienes abanderaron la hoz y el martillo, producen escalofrío. Sólo en la Unión Soviética -entre 1917 y 1987- los cálculos arrojan 62 millones de muertos. En China, 35 millones de represaliados. El Mundo, aún consciente de este disparate, no reaccionó contra el Comunismo como lo hizo contra el nazismo; y, por eso, propagó su locura totalitaria, dejando un rastro de víctimas impresionante: Vietnam del Norte, 1.600.000 muertos; Yugoslavia, 1.070.000; Camboya, 2.200.000; Corea del Norte, 1.700.000; y, así, Etiopía, Cuba, Albania, Angola, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Laos, Mongolia, Mozambique,… En total, más de 100 millones de seres humanos han sido víctimas de unos sistemas comunistas que no hemos sabido ni condenar.

La sangre es sangre en todas partes. La muerte es muerte, venga de donde venga; y es terrible que a los hombres traten de infundirnos una visión ético-moral tan distinta y asimétrica, respecto a los crímenes de los unos y de los otros. La utopía de una ideología no puede servirnos de excusa. Los complejos no deberían amilanarnos ante los tiranos. Si aseguramos defender los Derechos Humanos, que sea con todas las consecuencias, sin buscar justificaciones a lo injustificable y denunciando, por igual, a todos los Sistemas criminales (incluso a estos que se disfrazan de Pueblo y pintan paredes de colores).

Ayer sentí la descarga cerrada de la Razón y de la Justicia, contra un paredón de ignorancia que, con una cruz gamada y una bandera roja, con toda su inocencia aún intacta, han pintado los niños de Marinaleda.

Francisco Fernández-Pro

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