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Francisco Fernández-Pro: Letras breves… Pilares que se tambalean.-Dos de los pilares básicos en los que se sustenta nuestra Democracia son la Razón que nos legó la Grecia Clásica y las leyes que la antigua Roma dictó, basándose en esa razón. Nuestra Democracia Occidental nació de esta simbiosis y por eso la proclamamos Estado de Derecho: porque, conforme a la Razón, mantiene el orden necesario para la convivencia, legislando en defensa de la justicia y manteniendo el equilibrio de los derechos individuales con el de todos los demás seres humanos en la Sociedad que habitamos.

Pues bien, estos pilares se tambalean cuando los ciudadanos se olvidan de que sus derechos individuales, siempre están ligados -y obligados- a los derechos de los demás.

Como hombres, podemos comprender la indignación de los humillados, la rabia de los víctimas, el ojoporojoydientepordiente de los agraviados, la ira de los desfavorecidos;… pero el Estado de Derecho debe estar por encima de nuestras inclinaciones. Un Estado de Derecho debe dictar leyes que determinen y resuelvan las claves de cualquier conflicto y delimiten las responsabilidades reales de cada delito.

La Ley debe ser la misma para todos: defender los derechos de quienes se manifiestan y los de quienes no lo hacen; la de los trabajadores que, responsablemente, promuevan o secunden una huelga, y –a la vez- la de los que, responsablemente, decidan no secundarla. La Ley debe amparar el derecho a la inocencia pero, a la vez, debe responder ante el delito comprobado y actuar con firmeza ante la reincidencia.

Un Estado de Derecho no puede permitir ni una sola excusa para la barbarie. No existe ninguna justificación para la coacción a los ciudadanos o sus representantes, el insulto y las vejaciones a los jueces, la intimidación a los trabajadores, el asalto violento de los supermercados o la quema de casas de presuntos delincuentes.

Si estas cosas ocurren –como están ocurriendo- y no pasa nada, es síntoma claro de que la Ley no se está cumpliendo y, con ello, la Razón y la Justicia están dejando de funcionar.

Es urgente un examen de conciencia, porque la Historia nos advierte que exactamente estos, fueron los primeros síntomas de todas las Democracias que acabaron suicidándose.

Estamos obligados a reflexionar sobre este asunto, así como sobre nuestro grado de compromiso y responsabilidad. Todos deberíamos hacerlo: políticos, ciudadanos de a pie, sindicalistas,… y, sobre todo, esos jueces que todos los días se encargan de interpretar el sentido de lo justo, mientras que nuestro Estado de Derecho se tambalea.

Francisco Fernández-Pro

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