“Tipografía”

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A pesar de que Pedro Sánchez nos tiene acostumbrados a intentar convencernos de cualquier postulado y su contrario, confieso que su última  exaltación me cogió por sorpresa: “¡Viva el 8-M!” 

Inmediatamente vino a mi memoria el viva a la muerte de Millán Astray y la contundente respuesta de Miguel de Unamuno y, como la película de Almenábar es tan reciente, supongo que, como a mí, le ocurrió a la mitad de los españoles. No obstante, fue Santiago Abascal quien la cazó al vuelo… y lo siento porque, precisamente con él no es con quien más me identifico, pero en su réplica calcó mi pensamiento. Hoy por hoy, sabiendo lo que sabemos, vitorear el desatino del 8-M, es como vitorear a la enfermedad y a la muerte. 

Escribí en la primera parte de mi anterior artículo, que había permanecido en silencio durante los últimos meses, no por omisión sino por prudencia. Teniendo en cuenta la importancia del momento, quería tener datos suficientes para poder manifestarme con cierta objetividad. Estamos hablando de una pandemia que ha dejado miles de muertos en España y ha traído mucha soledad y mucho dolor a los españoles. No es cosa para tomarla a la ligera. Por eso, ahora, que todos los informes y estudios objetivos, están coincidiendo en la importancia que tuvieron en la propagación del coronavirus las decisiones que se tomaron ese 8-M, resulta demencial que Pedro Sánchez -con tal de “sostenella y no enmedalla”-, salga al palenque a reafirmarse en ese gravísimo error que entonces se cometió. Ha sido una “sanchada”, una huida adelante sin ton ni son, a trompicones; un gesto de inmensa soberbia o -como diría un Séneca de los de Pemán- “un embestí por embestí”… y, por eso, si los adversarios andan listos -como hizo Abascal-, acaban toreándolo por naturales con la muleta de la lógica pura. 

Todos sabemos -aunque algunos tengan la necesidad de negarlo y otros el complejo de mirarlo de reojo- que las manifestaciones del 8-M fueron el fruto de un enfrentamiento, de una cabezonería, de unos intereses partidistas y particulares, ajenos a los generales de los ciudadanos; fue un desafío en toda regla, un “así se hace por mis ovarios”, una negación de la prudencia más evidente, un disparate basado en premisas ofuscadas, irresponsables y ciegas de personajes como Cristina Almeida: “más mata el machismo…” (a esta señora habría que informarle que, a 27 de marzo, los crímenes machistas este año habían sido 20,… mientras que, en estos casi tres meses, las “cifras oficiales” de fallecidos por coronavirus, ascienden a 27.135 y más de 240 mil infectados)

Por antonomasia, los dos pecados capitales de los españoles son la soberbia y la ira… y tengo para mí que, al final, las manifestaciones del 8-M fueron fruto de estas dos faltas que, por desgracia, Pedro Sánchez, Carmen Calvo, Pablo Iglesias y algunos miembros más de su gabinete, padecen de forma permanente, contagiosa e irreversible. 

Personalmente, admiro -y hasta adoro- a las mujeres, abomino de los maltratadores hasta el punto de apoyar la cadena permanente revisable, pero que, después de lo que hemos sufrido y ya conocemos, el responsable máximo de lo ocurrido se atreva a exaltar la burrada que supuso 8-M pasado,... a eso sólo puede responderse en un juzgado de guardia, aunque los interfectos anden inventándose filigranas para cargarse a Montesquieu.

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