“Tipografía”

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El coronavirus acabó forzando el aplazamiento de las que iban a ser las primeras jornadas científicas realmente serias sobre la ciudad de Munda, la batalla que se libró ante sus murallas, sus prolegómenos y sus consecuencias. El bagaje académico de los ponentes, nos garantizaban a todos la esperanza de origen que tendrían estas Jornadas para un futuro -a corto, medio y largo plazo- en el que se podrían abordar nuevas iniciativas tendentes a identificar, sin lugar a dudas, la ubicación definitiva de la ciudad que dio nombre al enfrentamiento entre Julio César y los hijos de Pompeyo “el Grande” y que, a la postre, resultaría definitiva para dirimir la segunda guerra civil de Roma y su posterior forma de gobierno.

Detrás de la organización de estas jornadas, una Plataforma creada específicamente con este objetivo por dos asociaciones que se preocupan del Patrimonio Histórico de Osuna y de Écija.

Sin embargo, el coronavirus (o, peor, el miedo al puñetero bichito) han obligado al aplazamiento del evento y, como soy proactivo, a la hora de reflexionar sobre las consecuencias, no me regodeo en la lamentación: a fin de cuentas, tengo la suerte de no ser investigador ni científico y no me debo tanto al dato y a lo que debe ser. Como simple aficionado a las letras, me permito el lujo de responder a la mínima pulsión y hago uso de la patente de corso que tenemos los aprendices de poeta para navegar, no sólo por lo que puede ser sino, también, por lo que no puede ser.

Por eso, ahora -ante el desastre del miedo al coronavirus- mi balance resulta tan positivo: porque en estos meses -gracias a la Plataforma que hemos creado- me he vuelto a ver implicado de forma especial con Osuna -mi Madretierra-, con mis antiguos amigos y compañeros, con mis hermanos de Cuna. En verdad, el Espíritu de un Hombre vive de todas sus verdades y en el mío habitan muchas realidades que son de estas tierras y lo recorre la sangre caliente y revoltosa de los que somos de este Sur de entretorres y Gomera, barrreras y barriruelas, que lo mismo late acompasado con los bronces de la Mayor de Santa Cruz, que con el solano de mi Colegiata y mi antiguo Instituto -siempre Universidad antigua-, al que subía cada mañana y cada tarde, desde la calle Aguilar, después de los cuidados de las tías y el beso, hecho ternura, de la abuela Currita;… Estos meses también me devolvieron al abuelo Julio y la Calle Sevilla, a las acerolas y los majoletos en la Alameda, a los paseos por el Lejío, al olor a jazmines por la Virgen de Belén o las damas de noche en el cine San Pedro o el  Carretería; y, por un fenómeno asociativo, también retorné a la Écija de entonces: al Parque de Lourdes, al de San Pablo, a la ribera del Río, a los peces de colores, al sabor a palmito y paladú y, lo mismo que en Osuna, a los jazmines y la dama de noche en los cines de verano,… Lo dije alguna vez: los sabores y los aromas, tienen alas de alma para el Hombre y quizá, por eso, sea tan fácil para mí sentirme ecijano y ursaonés al mismo tiempo. 

El coronavirus ha venido a retrasar los objetivos de la “Plataforma para el Estudio de Munda y su entorno”, pero no importa: la Plataforma continuará en su empeño y, de alguna forma, en mí ha tenido un efecto inesperado, porque -sin advertirlo- ha catalizado en la Memoria este íntimo orgullo que siento por lo que es de Osuna y por lo que es de Écija, por mi Madretierra y por mi Tierranovia.

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