“Tipografía”

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Hoy, los españoles, volvemos a repetir elecciones. Estoy tan cansado de escribir sobre ellas que, en esta ocasión, casi no lo hice. Me limité a recordar un antiguo artículo en el que reflexionaba sobre mi candidato ideal: una utopía.

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Durante estos días me entretuve en observar y leer los mensajes de los unos y de los otros y, si acaso, hacer uso de algunos emoticonos para meter cuña a ver cómo se respondía (resultando, casi siempre, la respuesta previsible). Ha resultado curioso observar el tejemaneje de unos, las alucinaciones de otros, el ir y venir de mensajes, los aspavientos, las amenazas, el desparrame de vísceras sobre el intercambio de letras. Amigos que se tiraban los trastos, paisanos que se arrastraban por los emailes, compañeros de vida que se despeñaban mutuamente desde las listas de sus feisbús.

Nuestros políticos se han empeñado en radicalizarnos, pero se les ha olvidado el litio en la botica. Hace tiempo que venimos advirtiendo esta extrema bipolaridad que se nos ha ido de las manos. Sorprendo a gente observando el diario que lee quien comparte la barra en el bar o su viaje en el autobús y, según sea el “ABC”, “El País”, “El Mundo” o “El Correo”, advierto en su mirada un cierto gesto de simpatía o de recelo. Peor aún es si al vecino se le ha ocurrido colgar en su balcón una bandera o un signo de cualquier índole: entonces, las escaleras se encogen por arte de magia, resultando estrechas para los dos, de forma que el simple saludo puede llegar a convertirse en una carga insufrible. A fin de cuentas, cuando damos rienda suelta a las vísceras, lo primero que se zampan es la buena educación.

Mi apatía por las elecciones ha quemado mi paciencia, quizá porque percibo, claramente, que tanta diatriba, tantas manipulaciones, tantos mensajes amenazadores, tanta confrontación estéril, tanta lucha de intereses y tanta ira de los unos contra los otros, está provocando un inmenso daño en la relación de todos los ciudadanos de a pie, de esa gente que -como bien decía aquella, nuestra canción, de la Transición- “tan sólo quiere vivir su vida sin más mentiras y en paz”.

En estas elecciones, no le temo ni al PSOE, ni al PP, ni a Ciudadanos, ni a Podemos, ni a VOX, ni siquiera a los CDR; hoy sólo me preocupa nuestra convivencia cotidiana, la relación que mantenemos con nuestros vecinos; y, por eso, no hago mis votos para que ganen los unos o los otros sino, más bien, para que sepamos aplacar nuestra ira, la Razón vuelva a su cauce y la concordia habite entre los españoles.

           

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