“Tipografía”

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Para las elecciones municipales de hace algo más de cuatro años, escribí un artículo titulado “Mi Candidato”. En él intentaba determinar -tras mis veinte años de activismo político- las cualidades que, según entendía, debían adornar a un buen Candidato, a un verdadero líder.

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Escribía entonces -y sigo creyéndolo- que un político digno no debe intentar conseguir el Poder con malas artes sino, más bien, usar las buenas para aliviarnos un poco de tanta apatía, incredulidad y escepticismo que, durante años, fue sembrado entre los ciudadanos. Para ello, no debería dejase acompañar por chaqueteros, pues el provecho de los que se arriman a la Política para servirse, nunca es provechoso para los ciudadanos.

Así mismo, pienso que debería tener claro, respecto a su partido, que no debe pagarle más de lo que le debe, porque lo que le pague de más a los que lo alzaron, el Pueblo lo tendrá de menos y le costará mucho más trabajo levantarse cuando lo necesite.

Pienso que un buen candidato debería tener un trecho de la Vida andada y, en él, haber demostrado valer para más cosas que la política. Tener oficio y beneficio asegurado fuera de ella, por si fuera menester volver a buscarse el pan. Además, debería haber demostrado una cierta predisposición al Servicio Público, pues inventarse un Candidato de la Nada, es como hacer aparecer un fantasma; y ya estamos hartos de fantasmones.

Creo que un buen candidato deber ser valiente, pero prudente a la vez: saber agarrar al toro por los cuernos sin dejarse cornear; tener la facultad de reconocer los errores cuando los comete y la sabiduría para aprender de ellos y no acomplejarse por cometerlos. Tirar “pálante” cuando la Razón lo asista y la Justicia se lo exija y, si tropieza en el intento, levantarse y seguir la marcha sin excusas rebuscadas ni víctimas de ocasión. Tiene que tener la honradez de mirar de frente a los ciudadanos que lo eligieron y decir la verdad, en la certeza de que sus consecuencias serán menos lesivas que la ocultación y no se enquistarán con la mentira.

Por dignidad, un buen Candidato debe saber cómo llegar, pero también cómo marcharse. Acompañarse de gente sabia dispuesta a servir y que sea lo suficientemente honesta como para criticar lo que haya que ser criticado.

Por lo mismo, opino que un buen candidato debe aplicar siempre la razón a su gestión y a sus actitudes; ser dialogante, pero no débil; saber ceder, pero no venderse; escuchar las críticas y recelar de los aduladores; y, desde luego, evitar a los pícaros que tratan de vivir de la Política y se aferran a sus sillones contra cualquier sentido de razón o atisbo de dignidad.

Por último, creo que un buen candidato no debe pagar los favores que recibe defraudando el Bienestar de los ciudadanos ni nunca debe olvidar que su partido es sólo un instrumento de Servicio y, por tanto, anteponer los intereses de sus siglas a los del Pueblo, no sólo es inmoral sino que atenta contra la ética más elemental de la Política.

¿Existirá ese Candidato en nuestra Democracia, capaz de asegurarnos, a la vez, el imperio de la Ley, el Bienestar y la convivencia en paz, el respeto, la tolerancia y la buena educación?. Ojalá el próximo domingo sepamos elegirlo.

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