“Tipografía”

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

Por desgracia, cada vez es mayor el número de españoles que desconocen nuestra historia o se dejan arrastrar por los ignorantes y las redes de comunicación, para agravar los bulos, enaltecer la estupidez y alimentar nuestro tradicional cainismo.

Publicidad

En la última REBOTICA DEL COJUELO planteamos este problema porque, próximos al DÍA DE LA HISPANIDAD, ya veíamos -como todos los años-, calle arriba aparecían con sus aspavientos, todo ese hatajo de imbéciles que no tienen otra cosa que hacer en esta vida que prestarle oído a las trolas de los siglos y escupir para arriba su vómito insensato.

Por eso y, aunque ya lo hayamos hecho alguna vez, he pensado que nunca está de más plantear una reflexión –la misma que hicimos en la Rebotica pasada- que, aún siendo un poco extensa -dados los datos que debemos tener en cuenta para hacer un análisis lo más correcto posible-, puede arrojar luces necesarias y hasta deslumbrantes, ante la más impresionante gesta de toda la Historia (y mucho más consciente nos hacemos de la misma, si se nos ocurre darnos un paseo por el Muelle de las Carabelas en Palos de Moguer y nos “enlatamos” en aquellos cascarones de madera, con el pensamiento puesto en lo que pudo haber sido el primer viaje hacia el límite ignoto del océano). Gesta impresionante en todos los sentidos -se ponga quien se ponga- y, además, de consecuencias importantísimas en el devenir del Mundo conocido. Gesta que emprendimos los españoles y que, por mor de esa “progresía” incomprensible y semianalfabeta, en vez de regocijarnos en su conmemoración, nos toca muchas veces .como ahora -tirando de Historia y de argumentos- salir al paso de del manido genocidio imperdonable y el cacareo de los desafortunados voceadores de aquellos otros que, durante siglos, distorsionaron hasta el infinito aquella gesta, por intereses comerciales y de conquista: léanse, portugueses, holandeses, franceses y, sobre todo, anglosajones.

Haciendo una breve síntesis de dos antiguos artículos en la que, tomando distintos puntos de apoyo, reflexioné sobre esta Hispanidad, tratando de tener en cuenta la actualidad de asuntos que sufrimos –y que seguimos sufriendo, estando en plena efervescencia- como son la salvaguarda de la Unidad de España o la defensa de nuestra Lengua, paso a enumerar una serie de datos, absolutamente objetivos, que recoge la Historia y que casi siempre se ignora por los que tanto gustan de manipular realidades contrastadas.

Tras el Descubrimiento del Nuevo Mundo, la Corona de Castilla puso especial empeño en la cristianización de los “indios”, por lo que comisionó a Fray Bartolomé de las Casas con este fin y éste mantuvo, desde el principio, una firme oposición a la esclavización de los nativos americanos. Voluntad ésta que determinó absolutamente la de la propia Reina Isabel, como lo demuestran dos hechos significativos:

Tras prohibir la esclavización de los indígenas (al considerarlos “gestes con alma” y vasallos de la Corona), la Reina Isabel, informada de que Colón había vendido los que había traído en su viaje, mandó liberarlos, los reunió en el puerto de Sevilla y los repatrió con orden expresa de que, como súbditos de de Castilla, fueran respetadas sus posesiones y sus vidas. Luego, por la venta realizada por Colón, ordenó su inmediata prisión, retirándole sus privilegios y destituyéndolo como Almirante de la Mar Océana.

Isabel se reafirma en esta voluntad, hasta el mismo momento de su muerte, en el que introduce en su Testamento el Artículo XII del Codicilo, en el que manda a su esposo, el Rey Fernando, a su hija Juana y a sus sucesores que: “…no consienten ni den lugar de que los indios vecinos y moradores de las dichas Indias y tierra firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes; más, mando que sean bien e justamente tratados. Y si algún agravio han recibido, lo remedien.” Refiriéndose a este momento, el historiador iberoamericano Rafael Altamira, afirma: “Fecha memorable para el mundo entero, porque señala el primer reconocimiento del respeto debido a la dignidad y libertad de todos los hombres por incultos y primitivos que sean; principio que, hasta entonces, no se había practicado en ningún país”

Por otro lado, si abordamos la consideración administrativa que se le dio al Nuevo Mundo, la intención de la monarquía española fue crear otras Españas en las nuevas tierras, tanto jurídica, administrativa, como culturalmente. Fueron décadas después –cuando Felipe II promulgó los Decretos de Abolición de la conquista-, dando vía libre a holandeses, franceses e ingleses, cuando se inicia la verdadera “colonización” ya que éstos, a diferencia de los españoles, nunca procuraron evangelizar ni civilizar en el sentido positivo y se limitaron, simplemente, a crear puestos comerciales.

Resulta relevante que, durante los aproximadamente tres siglos de dominio español, en sus territorios, se construyeran 30 Universidades para españoles, nativos y mestizos (indistintamente), mientras que no se fundara ninguna en los territorios ocupados por Portugal, Inglaterra, Francia y los Países Bajos (Brasil, Estados Unidos y Canadá).

Por otro lado, el hecho de que, por ejemplo, Hernán Cortés sólo contara con 550 hombres de guerra, 300 auxiliares y 16 caballos, para la conquista de un Imperio como el Azteca, con cientos de miles de guerreros; y Pizarro, con 183 hombres y 7 caballos para la conquista del Imperio Inca, debería hacernos reflexionar sobre la verdadera calidad de estas conquistas, la naturaleza de los contendientes y la frecuencia y mortalidad de las batallas. Sin embargo, sí hubo un factor que desencadenó un verdadero estrago entre la población indígena: las enfermedades importadas (sobre todo la viruela y la papera). El contagio de estas enfermedades, produjo un altísimo descenso en la población. Más el daño resultó recíproco, ya que los españoles importaron desde América enfermedades como la sífilis (conocida, por eso, como elmal español”) y que, desde 1494, diezmó de forma considerable a la población europea.

Si consideramos todos estos antecedentes, comprenderemos por qué los estudios más recientes, realizados para toda América, sobre los porcentajes de población indígena, mestiza y “europea”, los resultados arrojan cifras tan reveladoras como las siguientes: Entre indígenas y mestizos, el porcentaje en Estados Unidos es de 2’47 %, en Brasil el 16’5 % y en toda Hispanoamérica del 85’21 %

Población indígena en toda América: 50 millones de individuos, aproximadamente, de los cuales sólo 4.796.917 personas viven en Estados Unidos, Brasil y Canadá, mientras que los otros, más de 45 millones, lo hacen en los territorios que pertenecieron a la Corona de Castilla.

A la triste manipulación que, por parte de algunos sectores, se está haciendo de la Historia, hemos de añadirle las timoratas posturas adoptadas por parte de gente obsesionada con no parecer demasiado españolista, por lo que de fascistoide pudieran parecer en el escaparate de los votos tontos.

Es triste el sentimiento excluyente. La animosidad que, contra España, surgió hace siglos en algunos países de Sudamérica, se mantuvo con los años y se sigue sintiendo en muchos sitios. Esa animosidad, paradójicamente fue generada y alimentada por criollos descendientes de españoles y por los propios españoles que, como siempre, nos maltratamos de forma inconcebible. Sin embargo, considero absurdo renunciar a lo que nos une, negar nuestras coincidencias y emborronar voluntariamente la visión clara de una Cultura común integradora.

Es bueno que los Pueblos trabajen por conservar sus riquezas étnicas y socioculturales, pero no podemos dejar de aprender de los errores de la Historia porque, de otra forma, los repetiremos. Es absurdo vivir -por un rencor estúpido de siglos diferidos- en la discordia constante y excluyente. Pero me sigo reiterando -un año más- en la certeza, sobre las condiciones de este Mundo cada vez más globalizado y más necesitado de esa globalización.

La Historia no tiene marcha atrás. El Pasado marca la vida de los Pueblos: nos define. Con los errores y los aciertos, nos regala mucho Patrimonio que compartir; y ya no sólo el pasado español en América sino también el pasado catalán o vasco en España, nos legó a todos un montón de cosas buenas.

En Sudamérica, por ejemplo, desde escritores defensores de la cultura prehispánica a través del castellano, como José María Arguedas (gracias al cual rescatamos las letras de las hayllis y harauis quechuas) o Mariano Melgar -con sus canciones yaravíes-; a personajes tan dispares y admirables, como El Libertador, Miguel Ángel Asturias, García Márquez, Pablo Neruda, Frida Karo, Mario Moreno, Atahualpa Yupanqui, Cafrune, Carlos Gardel o Celia Cruz. En Cataluña, exactamente lo mismo: desde el genial Salvador Dalí, al -nunca suficientemente reconocido- Doctor Trueta; desde el gran pintor y dramaturgo Santiago Rusiñol, a magníficos arquitectos como Gaudí o  Domènech i Montaner. Aparte, una lista interminable de personajes que desarrollaron y desarrollan su labor en todo tipo de actividades y disciplinas científicas o artísticas, muchos de ellos verdaderamente entrañables porque, de alguna forma, han formado parte de nuestras vidas (Montserrat Caballé, José Carreras, Terenci Moix, Nuria Espert, Joan Manuel Serrat, Juan Antonio Samaranch, Boadellas, Peret, Miguel Poveda,…)

Me niego a renunciar a todo esto; y, por eso, me resulta  inexplicable que haya catalanes o sudamericanos que renuncien a Séneca, Maimónides, Averroes, Ignacio de Loyola, Lope, Goya, Quevedo, Cervantes, Picasso, Velázquez, Juan Ramón o Federico.

Por eso, creo bueno que celebremos este Día o cualquier otro día que nos sirva de excusa para permanecer en la esperanza de que la Comunidad que integramos, está formada por individuos que tienen mucho más en común de lo que algunos pretenden.

Hoy es el Día de la Hispanidad, de una parte de esa Humanidad, unida por una Cultura, un Idioma y un Patrimonio riquísimo, construido gracias a todas las aportaciones particulares de los muchos Pueblos que lo integran.

Yo me quedo con esta certeza, con esta riqueza y con las palabras que, en 1995, escribió el Premio Nobel sudamericano Octavio Paz: “No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandes trazos, todavía está en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Sí las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas. Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que subrayar que sin ellos ―quiero decir: sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país― no seríamos lo que somos. Seríamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas.

 

Publicidad
Publicidad
Publicidad