“Tipografía”

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Mamarrachada. Quizá es este el calificativo que mejor le cuadra al esperpento. Llevo avisándolo hace tiempo: nos están polarizando, han permutado la “lucha de clases” por la “lucha de sexos” y, ahora, por las fobias y las filias de cada cual. Decididamente, en España estamos perdiendo el norte, pero es que alguno ha perdido ya la brújula entera y no tiene idea de lo que son los puntos cardinales.

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Lo que ha pasado en Córdoba no me lo podía creer. Me informaron de que habían atentado contra un cuadro que representaba a María y que los “progres” (“cristianófobos” más que “filolaicos”), habían puesto el grito en el cielo (con perdón). No me podía creer que los iconoclastas protestaran por algo así… y, como hago siempre que algún asunto me hace dudar, tiré de artículos y hemerotecas para informarme.

Pues bien, la cuestión resultó ser una mamarrachada en toda la extensión del adjetivo y, entonces, comprendí por qué los cristianófobosse habían desgañitado: lo que habían rasgado era la tela de un lienzo que quería representar a la Inmaculada –de la que todos sabemos-, arremangándose la túnica y buscando, con sus dedos, un gozo físico que, para todos los creyentes, Ella consiguió –como también el espiritual- a través de su “fiat”, de su sacrificio, de su entrega incondicional, de su enorme coraje, de su valor. María, la primera cristiana, la primera seguidora de un Cristo en el que tanta gente cree, sí que le dio sentido al término “feminismo”. Además lo hizo, no ahora y aquí -cuando es tan fácil y todo se tiene a favor (hasta las sanguijuelas de las diputaciones)-, sino en la Sociedad hebrea de la Palestina del siglo I, cuando una barriga inexplicable, era rea de pedradas al machaque.

Pues a esta María ejemplar, a la que tantos cristianos consideramos Madre Venerable, Inmaculada, Auxiliadora y Protectora, una tal Corrales -que, además, hacía las veces de Comisario de la Exposición-, supongo que para resaltar su obra y, de paso, darle pábulo a la muestra, colgó esta imagen en la que, según ella, no pretendía ofender a los católicos (se olvidó de los cristianos que no lo son)sino que: “…reivindico la sexualidad femenina… y (trato de) visibilizar a las mujeres artistas en una revisión sobre los estereotipos de la sociedad patriarcal” (sic)

Para rematar, la diputada de Cultura, Marisa Ruz de IU, afirma que las protestas de los ofendidos, “han hecho un llamamiento al odio” y añade: “está claro que es una utilización partidista. En ningún caso una expresión cultural debe ser dañada…” (sic)

Traducción del despropósito según las responsables: los que lo hicieron mal fueron los que protestaron porque, así, incitaron el odio de los que creen en la Virginidad de María; ya que lo que debían de haber hecho era aceptar esa imagen o cualquier otra de idéntica guisa, por ser una “expresión cultural”…

Pues miren ustedes, los cristianos tienen como uno de sus mandamientos fundamentales, amar al prójimo como a uno mismo. Es decir: respetar la dignidad de todos los demás. Por otro lado, los demócratas creen en el derecho a la libertad y que ese derecho sólo tiene como límite la dignidad del otro: tu libertad acaba donde comienza la de los demás. Si se fijan, los dos están diciendo exactamente lo mismo; y, lo curioso, es que de lo que se trata, realmente, en este caso, es de eso: del respeto mutuo que se deben los seres humanos.

Personalmente estoy contra cualquier atentado a una obra de arte del tipo que sea; en consecuencia, condeno el atentado sufrido por este lienzo. Pero, igualmente, condeno cualquier violación de la dignidad de los demás y, por tanto, condeno enérgicamente el contenido del lienzo.

Creo que, ya que hablamos de Arte y Cultura, estas señoras (Corrales y Ruz), deberían informarse mejor sobre el inmenso valor y las profundas raíces que la iconografía de María tiene en la Historia del Arte y de la Cultura de nuestro Mundo Occidental. Más, con todo, deberían hacer examen de conciencia y considerar algo mucho más importante, como es el significado vital de esa imagen para millones de ciudadanos pacíficos, que no se meten con nadie y que, cada día –desde hace unos años-, tienen que soportar con paciencia y en silencio, las ocurrencias de los cristianófobosque, gratuitamente y siempre que pueden, los violentan en su fe y atentan contra su dignidad, no ya de creyentes sino de ciudadanos libres; unas veces irrumpiendo en cualquier ceremonia a tetazo limpio, otras veces alterando cofradías o, ahora, degradando una imagen tan sagrada, hasta el punto del vómito.

Lo siento, pero no me lo puedo callar: ¡¡Mamarrachas!!

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