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Comienza una nueva Semana Santa. Un año más, los hombres sacamos al Hombre a nuestras calles. Más se me antoja que este año es diferente. Este año hemos llegado al extremo de la fobia. Hemos polarizado tanto el pensamiento, el alma (llamadlo como queráis), que, más que nunca, unos nos estamos volviendo contra los otros. La Política nos está enfrentando o, quizá, haya sido nuestra propia miseria de hombres necesitados de solidaridad, de comprensión, de justicia,… (elegid vosotros mismos). Nos está sobrando la rabia del fanatismo, la ira de la soberbia y nos está faltando la comprensión de la fraternidad, la solidaridad de los que sólo somos hombres tan iguales.

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Es bueno que volvamos a sacar a Cristo para que pasee por nuestras calles como si fuera uno más entre nosotros: ejemplo extramuros de los templos, transeúnte habitual y, aún así, capaz de transformar al mundo (quizá, como nosotros  nuestra realidad si lo pretendiéramos).

Pasa siempre en Primavera, aunque las primaveras pasen sin que nos demos cuenta de lo que nos advierte la presencia de Cristo en las calles. No sólo es su Madero y sus clavos, también es la Resurrección que nos regala y a la que nos obliga, y la esencia de su Mensaje de Caridad, de Solidaridad, de Fraternidad, de Respeto, de Tolerancia (llamadlo como queráis). El Mensaje del Hombre para los hombres: el Humanismo que nos compromete con la dignidad de todos y cada uno de los seres humanos y en el que radica, fundamentalmente, la esencia de esta Semana de Primavera.

Encendamos nuestros cirios, despleguemos nuestros faldones, luzcamos las mantillas, llenemos el aire con los ecos de la música y el aroma del incienso que se mezcla con los azahares; y hagámoslo así –como todos los años- para volver a recibir a Cristo por las calles, pero no olvidemos nunca que Jesús nos exige fraternidad, comprensión, tolerancia, respeto, caridad, solidaridad (llamadlo como queráis)y que todos los que nos consideramos cristianos, humanistas (y, sobre todo, los que nos colgamos la medalla de una hermandad), estamos obligados por nuestra Fe y nuestro compromiso con Él, a llevar su Resurrección –cuando esta Semana pase- a todos esos cristos de carne y hueso, que ni siquiera saben que son cristo.

Comienza la Semana del Hombre que tanto amó a los hombres, que murió por todos; la Semana en la que no podemos defraudar a nuestra Fe, a nuestra Dignidad, a nuestra Conciencia, a todo en lo que decimos creer. Esta es la Semana en la que los cristianos tenemos que volver el rostro a Cristo y demostrarle al mundo, que la Cruz y el Hombre que murió en la Cruz, no son una amenaza para la convivencia, sino un Camino para la Caridad, la Unidad, la Verdad, la Paz y la Concordia (llamadlo como queráis).  

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