“Tipografía”

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Ayer fue un día de vergüenzas y sinvergüenzas. Ayer se constituyó el nuevo Parlamento de Andalucía.

 Parece mentira lo que son las casualidades. Treinta y seis años de PSOE en la Junta de Andalucía: los mismos que estuvo el Dictador, Francisco Franco, en el Gobierno de España. Treinta seis años de abuso y tiranía, de cacicadas y dispendios, de corrupción y opacidades. Los dos…

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Habrá quien salte y me diga que no se pueden comparar. Yo sí.

Habrá quien se cabree y me reclame la legalidad que otorga la Democracia. Mejor me lo ponen. De un dictador se espera siempre una dictadura; pero de un partido que se llama socialista, no deberían esperarse tantos años de señoritos derrochadores, aparceros nepóticos, servilismos enquistados y clientelismo de guiropa.

Pero el Pueblo ha reaccionado y, treinta y seis años después, con su voto ha devuelto a los ciudadanos la Esperanza secuestrada y que sólo disfrutaban los privilegiados. Es el milagro de las urnas. Es la Justicia de las mayorías. Es la Naturaleza misma de la Democracia.

Sin embargo, parece mentira. Menos revuelo se formó en las Cortes Españolas cuando los franquistas tuvieron que ceder sus privilegios, que el que presenciamos ayer en nuestro Parlamento a la hora de aceptar la voluntad mayoritaria de los andaluces. Hasta Susana Díaz perdió la sonrisa y la calma, para acusar “pactos vergonzantes” con la extrema derecha, sin quererse dar cuenta de que si VOX es un partido de extrema derecha que aún no tuvo tiempo de actuar para demostrarlo, el PSOE –sin ningún tipo de vergüenza- está gobernando España y muchísimos otros lugares dentro del Estado, gracias a los votos de partidos y diputados de extrema izquierda que, no sólo actuaron ya criminalmente, sino que aún siguen actuando en conflicto con los Tribunales de Justicia y las fuerzas del Orden Público.

¿Pactos vergonzantes? Por definición, la vergüenza tiene mucho que ver con el disfrute razonable de la Dignidad,… y creo que Susana Díaz aún no se ha dado cuenta de que, después de treinta y seis años de señoritos enquistados, los andaluces sólo queríamos eso.

 

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