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Es triste un artículo como este, pero es triste la reflexión que me induce a escribirlo.

Según los medios de comunicación de nuestro mundo “civilizado” esta semana pasada, la Sociedad Internacional (en la que deberíamos caber todos) sufrió un gravísimo ataque en Manchester, en el que murieron 22 personas y resultaron heridas otras 59. Fue la acción de un loco que provocó un aluvión de condenas, de muestras de dolor, de homenajes póstumos, de minutos de silencio,… y, todo ello, aireado –una y otra vez, con todo detalle y todos los días- por todos los medios de comunicación.

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Encuentro que este hecho, tan lógico, contrasta -¡y de qué forma!-con las consecuencias reales del terrorismo internacional.

A la vez que el de Manchester se produjo otro atentado. Los muertos fueron 28 y los heridos más de 20. Prácticamente todos los cristianos coptos –incluidos los niños- que iban en un autobús tiroteado por diez terroristas bien armados. Pero esto ocurrió en un pueblo de la provincia de Minia... y ¿quién sabe donde queda esto?

Una muerte es una muerte y todas son igual de lamentables. Un atentado terrorista es una locura que mata inocentes y, por eso, todos ellos deben ser condenados con el mismo rigor. Sin embargo, la relación entre la información que recibimos y el contraste de cifras me parece extraño:

Según un informe publicado por la Universidad Austral, durante los cinco meses de este año, se han producido en el mundo 388 ataques terroristas en 52 países, con un balance de 3.205 muertos (casi el 80 % de ellos, víctimas de los fanáticos del ISIS).

Los países más castigados fueron Irak, Afganistán, Siria, Somalia, Nigeria, Pakistán y Egipto, con el 57% de los ataques y el 82% de las víctimas fatales. En este periodo de tiempo .por ejemplo-, mientras Francia sufrió 4 atentados (de los que tuvimos cumplida, amplia y puntual información), Irak padeció 56 de los que apenas supimos nada. En Asia y África -donde se encuentra más desarrollado el fundamentalismo islámico- se concentró el 90% de los ataques… de los que apenas supimos nada. 

La mayoría sólo reconocemos la realidad de la que nos informan; y, mientras nuestros medios de comunicación sigan pendientes de los índices de audiencia (de los intereses de sus usuarios y al servicio exclusivo de sus miedos y sus afectos), seguiremos ignorando la realidad ajena, el dolor de todas las víctimas, las muertes de tantos inocentes (tan inocentes como los de Manchester); y, lo que es peor, nuestra Sociedad seguirá siendo insolidaria -por desinformada- y nosotros, en nuestra ignorancia, seguiremos contando sólo a nuestros muertos.

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