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No nos equivoquemos: la corrupción siempre ha existido y existirá, mientras haya gestores comeollas que puedan hacer favores a gente sin escrúpulos dispuesta a pagar los favores recibidos.

Esta es una realidad conocida desde hace siglos y, mucho más, en los países latinos, herederos del Espíritu de una Contrarreforma sojuzgada por las artimañas del Privilegio y el simpático instinto del pícaro.

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La corrupción, conocida desde siempre -e, incluso permitida, bajo ciertas reglas o condiciones-, sólo ha sido enfrentada cuando la cadena clientelar se ha venido abajo, se ha roto; cuando aquellos que percibían las migajas, han dejado de percibirlas. Entonces, sólo entonces, es cuando se ha tirado de la manta y todos hemos podido ver la mierda que sabíamos o presentíamos que se escondía bajo las alfombras.

Me han remitido un post simpático, pero rotundo. Un mapa de España dividido por comunidades: las que gobierna el PP de azul, las del PSOE y otras formaciones, en rojo. Debajo, un subtítulo que reza: “En azul, la España en la que se roba. En rojo, lo mismo… pero en rojo”.

Sin embargo, no hemos tocado fondo: la cosa puede llegar a ser incluso peor, porque como lo que se apetece es darle una patada a todo esto y reventar a tanto corrupto, casi sin darnos cuenta, podemos pasar de Villa Mala a Villa Peor; pues lo previsible, cuando nos dejamos llevar por lo que debería ser la lógica de la indignación, casi nunca es lo justo, quizá porque la indignación nos hace inconsecuentes y acabamos pensando que todos los musulmanes son terroristas, todos los catalanes antiespañoles o todos los políticos, guindillas.

Ya lo he dicho en varios artículos: si no nos tomamos lo que sucede con filosofía, podemos hacer que se repita la parte más triste de nuestra historia… y no es derrotismo, ni ganas de meter miedo: es lo que me dicta la razón.

En un interesantísimo artículo de Manuel Pastor Martínez que hace unos días me remitió mi querido Amigo, el Profesor Genaro Chic García, el autor refiere que Ortega y Gasset en 1937 (dos años antes de que Hitler invadiera Polonia), escribió en su "Epílogo para ingleses" de La rebelión de las masas, la siguiente profecía: “Vendrá una articulación de Europa en dos formas distintas de vida pública: la forma de un nuevo liberalismo y la forma que, con un nombre impropio, se suele llama totalitaria. Los pueblos menores adoptarán figuras de transición e intermedias. Esto salvará a Europa. Una vez más resultará patente que toda forma de vida ha menester de su antagonista. El totalitarismo salvará al liberalismo destiñendo sobre él, depurándolo, y gracias a ello veremos pronto a un nuevo liberalismo templar los regímenes autoritarios”.

Sin embargo, ese liberalismo tiene sus efectos secundarios y acarrea sus propios defectos. Es lo que estamos viviendo y, como bien apostilla mi buen Amigo Genaro, “por mi parte pienso que los partidos populistas actuales se ven favorecidos, aparte de por el agotamiento intelectual de sus rivales, por el sistema informático de control total en el que estamos cayendo”.

Es un hecho que la corrupción le está haciendo un mal servicio a nuestra Democracia; pero también lo es la agresión que está sufriendo por parte de la utilización populista, tendenciosa, inmediata y globalizada, que se está haciendo de ella a través de los nuevos medios de comunicación, sin un mínimo de rigor y en base a intereses espurios, conviertiendo –muchas veces- a los detractores de los corruptos, en manipuladores irresponsables.

Pongamos sensatez en la Cosa Pública y seamos todos consecuentes con nuestras responsabilidades. Apliquemos la lógica, que es la mejor medicina en cualquier caso:

Los partidos políticos que separen el grano y quemen la paja: que no le den opciones a los arribistas.

Los gestores públicos que ejemplaricen con su transparencia y, en caso contrario, que dejen la Política.

Los políticos de cualquier color, que demuestren con sus actos que priorizan los intereses de los ciudadanos sobre los de su propio partido y, en caso contrario, que no se les vote.

La Justicia que actúe siempre implacable y de forma rápida (pues si no, no es Justicia).

Pero, sobre todo, que las Leyes endurezcan las penas para los corruptos; pues no sólo es que roban, sino que lo hacen sin necesidad de pan, abusando del privilegio que les otorga el Pueblo y poniendo en peligro la paz de nuestra convivencia.

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