“Tipografía”

En España, el consumo de jamón -en todas sus variantes- ha aumentado gradualmente año tras año, hasta consolidarse como una tendencia dentro de las mesas de todas las familias. La elección de un buen producto es elemental tanto para gastar conscientemente como para maximizar los atributos y la delicada experiencia.

Hay empresas que controlan todo el proceso desde la cría de cerdos blancos hasta la curación de los jamones serranos que llegan a los supermercados, cadenas de distribución y finalmente a las mesas de los comensales. Esas deberían ser las empresas en las que se confíe, primeramente, porque dan las totales garantías de que se está ante un auténtico jamón serrano, al tiempo que se asegura la persona de conseguir un mejor precio -a pesar de que las diferencias hoy puedan ser mínimas- y una calidad y sabor inconfundibles, que allí sí hay diferencias entre marcas y productores.

¿Cómo se elige un jamón serrano?

Al igual que pasa con la variante más conocida del jamón en España, el ibérico, el jamón serrano tiene sus particularidades, sus condiciones óptimas y algunas características que dan fe que se está realizando una buena elección.

Así, se podrían mencionar características como el desgaste de las pezuñas y el grosor de la pata -que sea preferentemente fina-, al mismo tiempo que se hablaría del porcentaje de grasa y su infiltración dentro de la carne -algo que es tan sencillo de verificar como presionar la superficie exterior del jamón y sentir su esponjosidad-.

En el caso de que se compre en línea, o se compre a productores especialistas, como Ibedul -que producen tanto jamón ibérico como jamón serrano-, lo mejor que puede hacerse es buscar la información sobre su etiquetado y su denominación.

En tal sentido, existen tres tipos de jamón serrano; Gran Reserva, Reserva y Bodega.

  • Gran Reserva: el más grande, más pesado y con mayor tiempo de curación. Para que un jamón sea serrano debe curarse entre 8 y 18 meses, y este último es el dígito alcanzado por el jamón serrano Gran Reserva. Su peso máximo ronda los 8 kilogramos y su sabor es el más intenso de toda “la familia”.
  • Reserva: entre 14 y 16 meses dura la curación del jamón serrano Reserva. Su peso máximo está en torno a los 7,5 kilogramos y podría decirse que es el equilibrio perfecto entre costes y calidad.
  • Bodega: el más pequeño de todos y el que tiene una curación más corta, pesando no más de 7 kilogramos y curándose por un máximo de 12 meses. Su textura es totalmente diferente y reconocible, y su sabor, aunque profundo y gustativo, no es tan añejo como el de los dos anteriores.

¿Por qué es importante saber esto?

En el mercado hay diferentes productores y marcas de jamón serrano en la actualidad. Aunque para el consumidor es un beneficio porque le permite elegir, también es un riesgo porque la compra de jamones equivocados está al orden del día.

Por eso, es importante reconocer la información básica del jamón serrano para que cuando surja el interés en adquirirlo -algo que, como se evidenciaba al inicio, ha ido creciendo año tras año- la compra sea satisfactoria en todo sentido.

¿Qué es lo mejor? Comprar a productores que tengan una valoración excelente por parte de los consumidores, como el caso ya citado de Ibedul. Lo siguiente sería escoger entre paleta y jamón -extremidades anteriores o traseras, respectivamente-, ya que ello repercute en el precio final, siendo la primera más barata que el segundo. Finalmente, tener en consideración la etiqueta y la información acerca de su curación, sabiendo diferenciar entre las diferentes gamas o tipos de jamón serrano de acuerdo a los meses de curación que tenga, para luego pagar realmente lo que se debe pagar por el producto.

El sabor puede ser muy similar entre todos los jamones serranos. La particularidad de cada productor es lo que los convierte en productos únicos y su cálculo de precio por kilogramo es lo que determinará si el consumidor ha tomado la decisión correcta.





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