El coronavirus acabó forzando el aplazamiento de las que iban a ser las primeras jornadas científicas realmente serias sobre la ciudad de Munda, la batalla que se libró ante sus murallas, sus prolegómenos y sus consecuencias. El bagaje académico de los ponentes, nos garantizaban a todos la esperanza de origen que tendrían estas Jornadas para un futuro -a corto, medio y largo plazo- en el que se podrían abordar nuevas iniciativas tendentes a identificar, sin lugar a dudas, la ubicación definitiva de la ciudad que dio nombre al enfrentamiento entre Julio César y los hijos de Pompeyo “el Grande” y que, a la postre, resultaría definitiva para dirimir la segunda guerra civil de Roma y su posterior forma de gobierno.

Vaya por delante que, desde hace un tiempo, vengo advirtiendo que todos estos disparates que estamos viviendo, me están condenando a una radicalización que no deseo y contra la que lucho, constantemente, pretendiendo la objetividad y tirando, para ello de análisis y reflexión. Por eso, hoy debo confesar el sabor agridulce y las muchas dudas que me asaltaron cuando, hace unos días se hizo pública la retirada, en el cementerio de Madrid, de un proyecto donde se recogían unos versos de Miguel Hernández.

Recién aterrizado en el Instituto “Francisco Rodríguez Marín” de Osuna para estudiar C.O.U., tuve la ocasión de pertenecer al equipo de redacción del periódico que entonces se publicaba en el Centro. Con tal motivo, solicité una entrevista con nuestro director, Don Francisco Olid (sin duda, para mí, uno de los ursaonenses más eminentes del siglo XX en mi Madretierra). Entrevista que no sólo me concedió, sino que -con enorme generosidad- supo revestir de una cierta solemne gravedad, supongo que para que yo, en la inocencia de mis quince años adolescentes, me pudiera sentir importante o, quizá, para enseñarme de una tacada que, en una conversación -sea quien sea tu interlocutor- siempre es preciso el respeto. La entrevista se alargó y tuvimos que reunirnos hasta tres veces (tres magníficas experiencias). Hablamos, sobre todo, de la Historia de Osuna y don Francisco, sin duda, era uno de los hombres que más sabían de este asunto. Él fue el primero que me habló de Munda y de su certeza de que aquella decisiva batalla entre César y los hijos de Pompeyo, había tenido que ocurrir cerca de Osuna.

Cuando hace algunos años mi hermano Ceferino Aguilera me pidió un artículo para incluirlo en la gran obra que conmemoraba el L Aniversario del Centro de Formación Profesional de la Sagrada Familia, que fuera fundado por voluntad expresa de los Marqueses de Peñaflor, le remití un texto que hoy, para mí, cobra un sentido inesperado. Entre otras cosas, en aquel artículo escribí:

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