Lo escribí hace algún tiempo: dos y dos son cuatro; quien cuenta cinco, no sabe contar o es que se está comiendo el palote que le sobra. Pero, digan lo que digan, en el campo nunca hubo quien no supiera contar, aunque fuera con los dedos y a la cuenta de la vieja.

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Tras el enésimos varapalo que esta gente mediocre -empeñada en regir no sólo nuestros destinos sino nuestro Patrimonio más sagrado- recibe de la R.A.E. de la Lengua, la cual se conduce siempre por la lógica de la razón que gobierna las palabras, he pensado que sería un detalle sacar de las alforjas de lo escrito, uno que concebí hace casi seis años pero que, con la embestida de la mediocridad, liderada en esta ocasión por Carmen Calvo -siempre tan empecinada-, se hace tan vigente que, al final, puede resultar un buen artículo semanal y, desde luego, el mejor homenaje de respeto y admiración que puedo rendirle a nuestra Institución Académica más respetable. 

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Confieso que llevo algún tiempo algo despistado o, más bien, confundido. Ando con la mosca en la oreja viendo todo lo que pasa y procuro analizar con cierta perspectiva el comportamiento de Pedro Sánchez. Perspectiva que me exige una objetividad, que acabo perdiendo ante alguna obviedad que me revienta y, entonces, me lanzo con alguna pincelada breve impregnada de ironía o sarcasmo, cuando la neurona me da para cotas mayores.

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