Avalanchas de iletrados
vienen paciendo a sus anchas
y, al pasar, pasan y cargan
con lo laico y lo sagrado:
lo mismo les da una reina
que la humildad de un vasallo,
la pluma de un escritor
o la espada de un hidalgo,
el amor de un misionero
que la estampa de un caballo:
hay que acabar con los monstruos
que la Historia haya alzado…

Leer más...

Confieso que cada día estoy más asustado, pero no por el coronavirus dichoso -que a ese acabaremos venciéndolo o controlándolo-, mi miedo es a esa otra epidemia que los españoles estamos sufriendo desde hace unos años y que nos mantiene continuamente irritados, convirtiéndonos en seres irracionales dispuestos, siempre, a dar un paso más hacia el precipicio. Esta epidemia, de carácter endémico y periódico, es la del “sectarismo” puro y duro que padecemos en España secularmente y para el que nunca hubo mascarillas ni guantes ni dexametasona.

Leer más...

Queridos padres, queridos abuelos, queridos vosotros que construisteis este país como si fuera una Patria (¡qué disparate!), queridos los que llegasteis hasta el invierno y os habéis hallado con la más gélida de las heridas: la Soledad. Queridos vosotros, que luchasteis por la reconciliación y, hasta el último instante abogasteis por no repetir la triste historia que nos persigue (¡adorables quijotes!). Queridos todos, que no esperabais nada, pero tampoco la maldición del coronavirus y la insólita respuesta de vuestra prole (¡ingenuos hasta el final!). Nunca pensé que, algún día, desde mi dulce otoño pudiera saludaros con envidia. Pero me permito esa envidia por lo bien que lo supisteis hacer: por vuestra inmensa capacidad de sacrificio, por todo lo que habéis sido y representáis para España, por todo lo que aprendimos de vosotros los muchos que ahora -a pesar de algunos otros pocos malandrines- os recordamos con el cariño más profundo y la mayor admiración, lejos de la insidia, los cálculos inhumanos, las irresponsables omisiones y las incompetencias.

Leer más...
Publicidad
Publicidad