“Tipografía”

Don Fernando Flores Pistón, el curita que huele a ovejas, ha sido el último en pedírmelo. Fue esta mañana, cuando -acompañado por mi Hermano Rafael- lo traía desde Cañada Rosal a Écija para confesar a las monjitas de Santa Florentina. Él también me ha preguntado por mis artículos, extrañado de este largo silencio de tantos meses en los que, sólo de vez en cuando, salgo a la palestra, más para recordar antiguos escritos que para aporta alguno nuevo. “La Pereza, don Fernando, la pereza… -le he respondido yo a su interés-. Cada día me cuesta más pensar en lo que nos está pasando y prefiero tragármelo a tratar de digerirlo: hoy por hoy, pensar, analizar con cierta lógica lo que nos está pasando, resulta una labor casi imposible; y, al final, se acaba en un diálogo de sordos con gente que no quiere razonar porque prefieren creerse lo que le dicen. Así que mejor me callo y no entro en trifulcas”. Él, con su extraordinaria generosidad, me ha replicado: “Pero Paco, Dios te ha dado ese don… y tú deberías escribir para los que te leemos”.

Confieso que me ha conmovido Don Fernando. Durante estos meses han sido varios amigos los que me lo pidieron, pero han sido hoy las palabras de este quijote de sotana que nunca se rinde -y, a pesar de sus más de ochenta primaveras, los estragos de Palacio y sacristías y las distancias entre sus tareas, siempre anda sirviendo a la Esperanza entre los hombres-, las que han podido más que mi pereza, me han puesto la pluma en la mano y me han obligado a recordar las razones de mis silencios.

Decía Sócrates que él no era SABIO, porque los sabios son los hombres “que creen saber” y, por tanto, cuando afianzan su certeza ya no les cabe otra y no se cuestionan ninguna más, manteniendo un continuo debate -a veces hasta la ira- contra los que exponen otras hipótesis distintas. Un sabio así no deja de ser un fanático de su certeza.

Sócrates, por contra, se autodefinía como FILÓSOFO (el que “ama la Sabiduría”). No sabe, sino que quiere saber. Así, todo es cuestionable y a una verdad siempre le sigue una pregunta; nada es inamovible y la duda se convierte en el mejor instrumento que tiene un Hombre para saber. Cuando deja de dudar, cuando deja de hacerse preguntas, cierra su mente y su conciencia a nuevos conocimientos y, por tanto, a la verdadera Sabiduría. Por eso debemos usar la Lógica y la Razón; el Debate y la Tolerancia.

Pues bien: de un tiempo a esta parte, yo no puedo dejar de pensar y preguntarme por lo que está pasando en España; pero si me pregunto en voz alta, surgen a tropel por todos los agujeros, gente de conciencia exacta y definitiva -tal es la inconsciencia del fanatismo- y, al final, todo se convierte en un bombardeo desdichado que, inexorablemente, desemboca en un diálogo para sordos… y a mí -como he dicho muchas veces- no me gusta perder el tiempo. Pero con todo, lo que más me duele es el intento de manipular al personal edificando -con incontables bulos y noticias falsas- el andamiaje de las ideologías adulteradas.

Hace sólo cinco días me hablaban de una noticia tan esperpéntica que, automáticamente, la califiqué como “bola”; pero como las redes insistían en el asunto, quise informarme a fondo y, para mi sorpresa, lo que a mí me parecía bulo por lo incomprensible y lo absurdo, se trataba de una tristísima realidad: el profesor de Biología de un Instituto de Alcalá de Henares, había sido suspendido de empleo y sueldo, por el simple hecho de enseñar a sus alumnos que los seres humanos están divididos en machos y hembras, atendiendo a su genotipo XX ó XY. Esto es, exactamente, lo mismo que a mí me enseñaron en el Instituto y, después, me desarrollaron en la Facultad de Medicina, cuando me explicaron que estos cromosomas (genotipo) son los que determinan el fenotipo de cada individuo (sus “formas” físicas), su metabolismo y, con ello, sus cualidades particulares, fisiológicas y, por tanto, psicofisiológicas.

Ahora bien, la Biología también nos enseña que existe un “Síndrome de Klinefelter” que afecta a individuos que, siendo varones -pues tienen el cromosoma Y- poseen dos cromosomas X. Lo que se traduce en un hombre con rasgos femeninos acentuados (y no sólo físicamente sino metabólica y psicológicamente). Por tanto, este conocimiento de la Biología y la genética -tal cual es-, puede constituir el mejor argumento para defender el derecho de cualquier ser humano de identificarse con un individuo de uno u otro sexo, ya que la propia Naturaleza lo puede dotar de caracteres hermafroditas. Pues bien, dicho esto: en vez de fomentar las enseñanzas de este profesor, que así lo enseña, lo expedientan por delito sexista de odio o no sé qué puñetas… ¡Hay que ser ignorantes y retrógrados!

Cuando pensaba sobre ello, me ha venido a la memoria “La Herencia del Viento”, una magnífica película dirigida por Stanley Kramer y protagonizada por el genial Spencer Tracy, en la que se daba un soberbio y descomunal rapapolvo a todos esos fanáticos inmovilistas, que hacen de la Fe o la Ideología un arma perversa, intransigente y disparatada, imposible de compatibilizar hasta con la Ciencia más lúcida y básica de todas.

Eso nos está pasando en España. Lo malo, es que esa intransigencia no sólo afecta al genotipo y fenotipo de los individuos, sino a sus derechos constitucionales, a sus libertades y a sus conciencias… y a mí, la verdad, me cansa tanto insensato.

Con estas letras finalizo la encomienda de don Fernando y regreso a mi ostracismo para ver qué pasa; porque, aunque esta pereza mía nace -sin lugar a dudas- de la íntima e inevitable desesperanza del cada día de nuestro país, si mi Curita de Cañada Rosal es capaz -con sus más de ochenta años- de seguir combatiendo molinos… a ver quién es el guapo que se atreve a decirle que se le olvidó la lanza en el rebatillo del zaguán.