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Han sido varios los artículos en los que he mantenido mi perplejidad por el lío tan absurdo que, con el callejero nacional, se tiene montado este invento que han denominado “Ley de la Memoria Histórica” y que, por la incoherencia con la que actúa, yo acabé llamando “Ley del Rencor Demorado”. También han sido, al menos, un par de artículos los que dediqué a exponer las atrocidades y los exterminios llevados a cabo por los Regímenes Comunistas del Mundo. Por último, también en varios artículos escribí sobre el gran respeto que me merecen todos esos personajes -tanto de izquierdas como de derechas- que, durante la Transición, decidieron aparcar sus diferencias y sus rencores, para hacer borrón y cuenta nueva, con el objetivo de intentar edificar una España para todos (Suárez, Felipe, Carrillo, Fraga, Herrero de Miñón,… o Marcelino Camacho): antiguos luchadores, que desterraron las afrentas y los recelos, para unir sus esfuerzos de lucha, a fin de construir una nueva España para nosotros, sus hijos.

Dicen que hoy Cristo resucita y que la Alegría nace  porque vence a la Muerte. No es necesario creer en Jesús para participar de esta Buena Nueva. Todos los hombres que creemos en la Muerte y en la Vida, tendríamos que ser conscientes de la necesidad de darle una oportunidad de resurrección a la agonía lenta de los débiles, de los necesitados, de los explotados; a esa muerte omnipresente que siembra el mundo de cadáveres y de miseria; a esa que ignoramos tantas veces, aunque habite tan cerca nuestra. También a esa otra muerte que nace desde nuestras propias manos, cuando callamos ante las injusticias o no sabemos acoger en ellas a quienes padecen las agonías de los calvarios.

Francisco Fernández-Pro: Letras breves... La pasión y el circoEsta mañana temprano, Jesús envió a sus discípulos a por una borriquilla que estaría esperando. Cristo entrará un años más, subido en ella, en nuestro Jerusalén de torres y espadañas. No lo hará sobre un caballo blanco, brioso y espectacular; no acompañado por la trompetería de los coros de ángeles y arcángeles; sino sobre la humilde mansedumbre que representa una pollina. Todos los años igual y todavía no nos hemos enterado.

Francisco Fernández-Pro: Letras breves... El juego de las desigualdadesLo siento, pero sigo sin comprender este juego de las desigualdades. Cada vez que se acerca un “Día de (la mujer, el hombre, el orgullo gay…)”, me pregunto cómo los organizadores de tales jornadas, no se dan cuenta de que el hecho mismo de concretar una fecha especial para exaltar una condición del individuo, distingue la naturaleza de esa condición de forma especial, hace apología de ella y, por tanto, exalta la desigualdad de dicho individuo con respecto a cualquier otro cuya naturaleza sea de condición contraria.

Si lo que pretendemos es que todas las personas seamos iguales, lo peor que podemos hacer es resaltar la parte de nuestra naturaleza o de nuestra condición personal que nos distingue y nos hace distintos a los demás (ser mujer u hombre; blanco o negro; homosexual o heterosexual,…l)

Francisco Fernández-Pro: Letras breves... Los excolarizados: reflexión sobre el hartazgoHace unos artículos, me refería al inmenso despiste o terrible ignorancia de nuestros gobernantes y los líos que se andaban montando con eso de la Memoria Histórica. Me llamaba la atención de que gente que se dice preparada y que parece que tienen hasta títulos universitarios (algunos, incluso, dos y tres), en la Capital del Reino confundieran héroes de la Guerra de Cuba, empresarios modelo de principios de siglo XX o escritores monárquicos o católicos de los años veinte, con acérrimos seguidores franquistas. Más aún me llamó la atención, el intento de dejar los callejeros de Sevilla sin un santo que los sevillanos pudieran llevarse a sus azulejos (¡con lo que es Sevilla!).

Francisco Fernández-Pro: Letras breves... Maricones y creyentes Franco no había muerto cuando entré en la Facultad de Medicina de Sevilla y, durante los primeros años, me sentí inmerso en aquellas movidas estudiantiles de entonces: unas de entretodosjuntos (sobre todo, aquella “marcha blanca” con la que forzamos la apertura del Hospital Universitario de la Macarena) y, otras, de los unoscontralosotros.

 En toda esta vorágine, aparte de a estudiar, me dedicaba a ver tetas en la revista Interviú y aprovecharla para leer los magníficos artículos de Antonio Gala. Fue, precisamente, uno de los que escribió en su columna “Diálogos con Troylo”, el que me concienció por primera vez –y ya para siempre- del respeto que se merecían los homosexuales. Lo inevitable del Amor y sus tendencias; lo terrible de amar sin esperanza alguna; el Sino de quien es señalado y perseguido por enamorarse de quien no debe; y su lucha –casi siempre estéril- por lo que ama.

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