Los de Bildu, como no creen en los Reyes Magos, le han escrito una carta al Presidente Electo de USA, Donald Trump, para pedirle “seguir colaborando” (¡¡¡???)

Los extremos se tocan. La frase no es mía, pero la he utilizado infinidad de veces durante los tres últimos años, ante el avance de los antisistemas en la vida pública. Debido a este hecho, me vi obligado a repasar la Historia del siglo XX, con el fin de hallar antecedentes para analizar la situación con objetividad y echar cuentas… y lo que advertí de esta deriva, me salía chunguísimo.

​Hoy, domingo, cuando sólo hace cuarenta y ocho horas que presenté la primera novela de mi queridísimo amigo y contertulio, Diego Lamoneda Díaz, “Mujeres de Istiya”, un numerosísimo grupo de amigos de Écija y Cañada Rosal, homenajearemos a Don Fernando Flores Pistón, “el cura de Cañada” que, para muchos, pasa por ser un “curita” salido de una película de Martínez Soria y que, sin embargo, para mí, es uno de los santos con sotana que más me huelen a oveja en esta bendita Archidiósesis de Sevilla… y traigo a colación ambos asuntos porque, aunque parezca que no tienen nada que ver el uno con el otro, los dos me hacen reflexionar sobre este mes de la Navidad.

Cada día que pasa la Objetividad se me antoja mayor tesoro. Me apena pensar que, alguna vez, el desconocimiento, la desinformación o la ignorancia, provocaron en mí el estado visceral que observo ahora en tantos de mis congéneres (incluso confieso que aún, a mi pesar, siento cómo la tentación me pica alguna vez… pero, poco a poco, voy aprendiendo a rascarme)

Esta semana dos ecijanos han presentado sus obras en nuestra Biblioteca Pública Municipal “Tomás Beviá”.

Desde hace muchos años, los dos fuera de Écija. Desde hace muchos años, los dos regresando –de vez en cuando- a esta ciudad donde vieron la luz.

Escritores los dos: Rosario Bersabé Montes, poeta; Manuel Hurtado Marjalizo, novelista.

Es curioso, pero cuando nos adentramos un poco en las hipótesis referentes a las fluctuaciones en los movimientos demográficas, podemos apreciar que, a través de la historia, se han ido produciendo distintos y, muchas veces fatales acontecimientos que, provocando una elevada mortandad, han venido a paliar los problemas que el exceso de población podían haber provocado. Según estas hipótesis, esos hechos ocurren periódicamente.

Comienzo aclarando que la rabona que le hice la semana pasada a estas Letras Breves, no se debió al olvido ni a la pereza ni al cansancio ni a la desidia, sino al pasmo, al espanto y, si me aprietan, a la prudencia. Sí, a la prudencia, porque consideré que debía aguardar un poco y digerir todo lo que se me vino encima –como de sopetón- durante las jornadas sufridas en nuestro Parlamento Nacional, con motivo del debate y la elección del Presidente Rajoy.

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