La ciudad de Écija a través de sus instituciones más representativas, el Excmo. Ayuntamiento y la Real Academia Luis Vélez de Guevara, tributaron un merecido homenaje, a uno de sus más ilustres hijos: Francisco Pacheco y Gutiérrez-Calderón. Este ecijano, abogado, periodista, literato, Fiscal General del Tribunal Supremo, estudioso de las más diversas disciplinas jurídicas, fue Presidente del Gobierno y por dos veces Ministro, además de miembro de las Academias de Ciencias Morales y Políticas y de la de Bellas Artes de San Fernando, Embajador en Roma y Méjico y Ministro Plenipotenciario en Londres, siendo uno de los españoles más ilustres de su época. Había nacido en Écija el día 22 de febrero de 1808, en una casa de la calle Dávila, posteriormente rotulada en su honor. También se colocó en la calle una placa conmemorativa, hoy prácticamente oculta, en un edificio de dicha vía ecijana.

La sociedad Casino de Artesanos recuperó en los últimos años de los cincuenta y primeros de los sesenta del siglo XX los populares Carnavales. Tras varias décadas de olvido y prohibiciones. Surge esta fiesta con una importante presencia de la juventud ecijana y llega a ser una de las más felices recuperaciones del folklore andaluz. Se celebran, eso sí, con las limitaciones propias de los tiempos, pero con toda su autenticidad, su carga crítica, su creatividad, su plástica, con su fuerza satírica y contestataria.

Cronistas e investigadores afirman que Écija fue evangelizada por el mismo San Pablo. La antigua Astigi, la Écija de hoy, rivalizó con Tarragona en sus recuerdos paulinos. Tenemos que reseñar que San Pablo, Patrón de Écija. La festividad de nuestro patrón esta un tanto oscurecida y no cuenta en la actualidad con hermandad propia pese a tener aprobadas sus Reglas por el Arzobispado de Sevilla, con fecha 29 de enero de 1913. La primera junta directiva de la “Hermandad de San Pablo, Apóstol por la Conversión de los pecadores”, estaba constituida por los siguientes señores: hermano mayor, José Fernández de Córdoba y Castrillo, secretario-administrador Federico Fernández de Bobadilla y González de Aguilar, y consejeros Andrés Fernández de Valderrama y Parejo y Fernando González de Aguilar y Núñez de Villavicencio.

En la festividad de los Reyes Magos del año 1961, el Ayuntamiento de la Ciudad organizó la cabalgata que suscitó un extraordinario interés por parte de los ciudadanos y especialmente por los más pequeños. El cortejo salió del Cuartel de la Doma, donde se llevó a cabo la preparación de las carrozas. Abrió la comitiva la Banda de cornetas y tambores del Colegio salesiano de Nuestra Señora del Carmen. Los Reyes fueron representados por José Ostos Castilla, Gregorio Martínez Márquez y Manuel Martín González, que lucieron lujosas carrozas. Tal fue la expectación del desfile que el acudió multitud de gente.

Que tengamos noticias los primeros guardias urbanos que hicieron acto de presencia en las calles de nuestra ciudad fueron con motivo de la Feria del III Centenario en el año de 1952. A partir de esa feria el Ayuntamiento, ante el constante aumento del tráfico rodado y a la vista del peligro que suponían diferentes cruces estratégicos en el casco urbano, encomienda a la policía municipal regular el tráfico tanto rodado como peatonal. Provistos de cascos y correajes blancos, realizan los servicios en dos turnos: mañana y tarde, asignándoles los cruces de la Plaza de España, la calle La Victoria, (por entonces carretera general de Madrid-Cádiz), Puerta Cerrada, Puerta Palma y Plaza de Colón. Posteriormente se cambia el guardia situado en la Plaza de Colón al cruce de las calles Cañaveralejo y San Benito.

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