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Sin duda, la festividad de más prestigio y más abolengo de la diócesis de Sevilla es la del Corpus. El origen de ésta arranca de una bula del Papa Urbano IV, para conmemorar el milagro de Bolsena que demostraba la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Forma. La festividad creció en importancia hasta hacerse de observación general, ya con Juan XXII en 1316.

La festividad del Corpus Christi se ha venido celebrando en nuestra ciudad con singular esplendor. Daban comienzo los cultos en la Iglesia Mayor de Santa Cruz, cantándose Laudes, Prima y Tercia solemnes, oficiándose luego por el arcipreste la Santa Misa. Posteriormente se trasladaba el Santísimo a la artística custodia, obra del orfebre Francisco de Alfaro. El tabernáculo en plata cincelada y repujada es uno de los más bellos de los que procesionan en Andalucía.

Cada fiesta religiosa lleva consigo múltiples aspectos externos ocasionales, según el momento en que nacieran. Por encima de la contingencia inevitable, ha mantenido siempre su significado dogmático y espiritual.

La procesión del Corpus recorre cada año el corazón de la ciudad bellamente engalanada como de siglos y siglos lo viene haciendo. Abría marcha, en la década de los sesenta del siglo XX, la escuadra de batidores a caballo del Depósito de Recría y Doma; la banda de cornetas y tambores del Colegio de Salesianos, numerosos niños acompañaban asimismo a la Custodia con sus trajes de comunión. No faltaban tampoco las representaciones de las distintas parroquias de Écija con sus mangas escoltadas por monaguillos con ciriales, hermandades de penitencia que se colocaban por mismo orden de salida que lo hacen en Semana Santa. Cerraba la magna procesión el arcipreste de la ciudad, autoridades civiles y militares, la corporación municipal bajo mazas, con la policía municipal de gala y, además, una sección del Depósito de Recría y Doma.

Las calles estaban tapizadas de juncia y romero, luciendo los edificios infinidad de colgaduras. El trayecto estaba escoltados por soldados del Depósito de Recría Doma.

Al llegar al templo de Santa Cruz el arcipreste de la ciudad impartía la bendición al pueblo que llenaba las naves del templo.

Fuente. Memoria de una década. Écija 1960-1961. Juan Méndez Varo.

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