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El mes de mayo es el mes de las flores y el mes de María. Ha prevalecido ya en todo el orbe católico la santa y laudable costumbre de consagrarlo todo entero a su culto. Consiste en ofrecer a María flores de esta bella estación de primavera.

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El ejercicio del Mes de María fue ordenado en las escuelas públicas por disposición de la Junta Técnica del Estado de 9 de abril de 1937, y reiterado por Circular de la Jefatura de fecha 29 de abril 1938, obligándose este año en la zona nacional "en acción de gracias por la victoria concedida a nuestras armas en los campos ensangrentados de España" Igualmente en la referida circular, se dispuso “que los maestros asistieran en formación con sus alumnos, a celebrar los ejercicios en el templo parroquial que las autoridades eclesiásticas determinaran siempre que se realice dicho ejercicio durante la última media hora del horario escolar”. (Circular Jefatura del Servicio Nacional de Primera Enseñanza del Ministerio de Educación Nacional de fecha 29 de abril de 1939 (Boletín Oficial del Arzobispado 1939).

Durante los años sesenta esta práctica tuvo gran desarrollo: en los colegios, públicos y privados se alzaba un pequeño altar que era exornado con las flores que llevaban los alumnos. Estos se las ingeniaban para que el altar estuviera permanentemente adornado, y, para ello, hacían ramos de margaritas, amapolas y otras flores silvestres que recogían del campo o bien de las macetas que adornaban los bellos patios ecijanos.

En las imágenes vemos a los alumnos SAFA con sus populares "babys" azules en perfecta formación, frente a sendos altares levantados en los pasillos del centro escolar.

Independientemente de los colegios públicos y privados, en las Iglesias tenían lugar con gran solemnidad este Mes de María: las Parroquias de Santiago, San Gil, Santa María y especialmente la Mayor de Santa Cruz celebraban con gran esplendor este mes florido por excelencia. En la Parroquia de Santiago los cultos marianos tenían lugar en la capilla de la Divina Pastora, en el trascoro, mientras que en Parroquia de Santa Cruz el lugar elegido era el altar de la Virgen del Valle, bellamente exornado y alumbrado.

Se nos viene a la memoria los escolares con guardapolvos cogidos de la mano de los compañeros camino de la iglesia cantando "Venid y vamos todos, con flores a porfía, con flores a María, que Madre Nuestra es".

Memoria de una década, Écija 1960-1969, Juan Méndez Varo.