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Los domingos de primavera han sido tradicionalmente días de Primeras Comuniones, y en los años sesenta del siglo XX también; pero la diferencia entre las celebraciones de aquellos años y las de ahora son notables. Los niños y las niñas tras la ceremonia religiosa eran obsequiados con un desayuno en las dependencias del propio templo parroquial que compartían con sus compañeros: chocolate con productos locales, (bollos del conde y tortas de nietos). Las fotografías se hacían en grupo con sus compañeros y catequistas y una o dos más con sus padres y hermanos. Concluida la ceremonia y el desayuno acudían a visitar a familiares y amigos en una caminata que duraba toda la jornada.

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Traemos hasta aquí uno de los desayunos obsequiados en la Parroquia de Santa María a estos niños en "el día más feliz de su vida" y que también celebraban en las demás parroquias de la ciudad, como única actividad culinaria extraordinaria del día. Nada de opíparos banquetes ni costosos trajes que hoy traen de cabeza a muchas familias. Sencillez y recogimiento en un acto que el tiempo ha transformado en puro consumismo y ostentación.

Fuente Memoria de una década: Écija, 1960-1969. Juan Méndez Varo.

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