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La parroquia de Santa Bárbara es la más antigua de la ciudad, pues a ella fue trasladada la silla astigitana cuando la invasión agarena. Su archivo comenzó en 1513, aunque se sabe que ya por 1411 tenía un reloj, propiedad del Ayuntamiento, cuya campana vaciada por Antonio López, se tocaba cuando los criminales eran ajusticiados en la plaza mayor. El templo comenzó a reedificarse a principios del siglo XIX. El historiador Garay y Conde al referirse a su torre dice “se construyó sobre un torreón de aquella época, sin ninguna clase de adorno y de muy mal gusto, es de tres cuerpos, y sobre los vértices de su cúspide, se eleva una gran cruz pastoral de hierro labrador.” No es de la misma opinión el profesor José Hernández Díaz, que la señala como “ejemplar interesantísimo no solo en sí misma considerada, sino por su singularidad en el mudéjar Andaluz.”

Fue en enero de 1892 cuando en Écija cae una tormenta acompañada de gran aparato eléctrico. Un rayo atraviesa la torre de Santa Bárbara. La  publicación local La Opinión Astigitana recoge en sus páginas el suceso con el siguiente tenor: de una tormenta espantosa donde el trueno fue horrendo. Los destrozos causados son tales, que dudamos mucho que le torre pueda salvarse, desde el tercer cuerpo cuya arista antepecho y un pilar se ven desde la Plaza Mayor completamente destrozados. El rayo entró al segundo cuerpo, deshizo casi por completo otro pilar, cuarteó el inmediato, en la dirección perpendicular de los del tercero y después de haber quitado parte de la cabeza o martillo de la campana que hay entre dichos pilares, bajó por el central de la torre, siguió la dirección de la escalera e internándose en el coro alto de la iglesia, cuya puerta destrozó por completo, taladró las bóvedas del mismo y fue a sepultarse al pie del altar de Nuestra Señora de los Reyes, cuya imagen quedó deteriorada bastante; deshecha la cancela de cristales que cerraba la urna y desconchados, con más o menos profundidad, los adornos del altar.

Ante la gravedad del suceso y después del examen pericial efectuado por el Maestro Mayor de la Ciudad, se insta la urgente demolición de la torre ordenándose la clausura de la Iglesia de Santa Bárbara.

¿Era necesaria, a la vista de los daños ocasionados por el rayo, por cierto, recogida con bastantes detalles por el cronista de La Opinión Astigitana, el derribo de la torre? ¿No se podían haber tomado otras medidas, como restaurar el único testimonio de torre mudéjar que nos quedaba en Écija? Muchas veces la solución más fácil es esa, derribar. Desgraciadamente, hay ejemplos recientes demás derribos en la ciudad, como son los casos de las espadañas de las Monjas Blancas y la de Santa Inés, ambas en la calle Mayor.

Por otra parte, no se entiende, si era tanto el peligro que presentaba, cómo hubo que esperar veinte años para llevar a cabo su demolición. En efecto, las obras del derribo se inician, junto con algunas otras de restauración en la cubierta de la iglesia, el día 27 de diciembre de 1918 y concluyen el día 21 de mayo de 1919…”

Según la liquidación practicada por Francisco Torres Aguilar, maestro mayor de obras del Ayuntamiento de Écija, en el expediente instruido al efecto, los gastos de las obras de demolición y restauración de la iglesia ascendieron a 13.659,48 pesetas. Para hacer frente a los gastos se solicitó la colaboración ciudadana que con sus donativos, la venta de materiales de derribo y algunas ayudas oficiales se llega a la cantidad de 11.359 pesetas, y el déficit resultante: 2.359,48 tuvo que ser satisfecho por la fábrica de la parroquia.

Para el derribo de la torre, como en la construcción de las nuevas espadañas intervinieron, según los justificantes contables que se conservan el archivo parroquial de Santa María 61 albañiles, incluyendo oficiales, ayudantes de oficiales, ayudante de peones y seis menores, cuyos jornales ascendieron a 7.373,55 pesetas.

Con el objeto de enjugar el déficit se arbitraron varias fórmulas, entre ellas, la venta de materiales obras y, además, la venta de tablas de gran valor artístico de la propia Iglesia. Esta venta se hizo con la aprobación del Arzobispado de Sevilla que, por cierto, para la apertura del oportuno expediente tuvo que pagar con cargo al presupuesto de obra 30 pesetas “por los derechos instruidos en secretaria para la venta de las tablas pintadas”.

Veamos pues las diferentes fuentes de ingresos para hacer frente las obras de la torre: por la venta de obras de arte 49,55%; subvención del Ministerio de Gracia y Justifica 22,12%; venta de materiales 2,29% y limosnas de feligreses 26,04%

Como consecuencia del derribo parcial de la torre mudéjar, sobre su sólida caña, se optó por alzar dos modestas espadañas: la mayor visible desde la calle, y otra menor, construida a la espalda de la primera, que solo es posible ver desde las azoteas o edificios altos.

La primitiva torre mudéjar contaba con seis campanas, más un reloj y matraca. Actualmente la espadaña principal tiene tres vanos y sólo en dos cuelgan campanas. La espadaña pequeña, de un solo vano, carece de campanas. Es decir, a consecuencia del infortunado rayo no solo perdimos una bella torre (número 12 de la nómina del conjunto artístico de la ciudad) sino que, además, hubo que vender tablas de gran valor artístico de la iglesia de Santa Bárbara.

Fuente: Catálogo de las Torres y Espadañas Ecijanas. Juan Méndez Varo.

 

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