La línea férrea Marchena-Écija se inauguró en 1879, en el tramo que iba desde Marchena a Écija, con un trazado de 44,015 kilómetros; el segundo tramo -Écija La Carlota- empezó a funcionar el 10 de junio de 1885 y, concluyéndose el tercer tramo hasta Valchillón, el 12 de octubre de 1885 después de numerosos intentos que comenzaron años antes, en concreto en 1859, cuando los principales contribuyentes de la localidad tomaron la iniciativa de dirigirse al Ayuntamiento solicitando el establecimiento de una línea férrea.

La llegada del mes de mayo implica entrar en la temporada alta de Primeras Comuniones. En 1964, fecha a la que corresponde la fotografía, la Primera Comunión era uno de los acontecimientos más felices para una familia española. La celebración religiosa, a la que asistían numerosos familiares y amigos hacían que el templo se llenara. Entre los trajecitos blancos y el chocolate con picatostes, se desenvolvía el feliz evento en el que, además, si se celebraba en Écija y en los salesianos con la procesión de María Auxiliadora, se convertía, por la tarde, en punto de encuentro para niños y familiares.

Los domingos de primavera han sido tradicionalmente días de Primeras Comuniones, y en los años sesenta del siglo XX también; pero la diferencia entre las celebraciones de aquellos años y las de ahora son notables. Los niños y las niñas tras la ceremonia religiosa eran obsequiados con un desayuno en las dependencias del propio templo parroquial que compartían con sus compañeros: chocolate con productos locales, (bollos del conde y tortas de nietos). Las fotografías se hacían en grupo con sus compañeros y catequistas y una o dos más con sus padres y hermanos. Concluida la ceremonia y el desayuno acudían a visitar a familiares y amigos en una caminata que duraba toda la jornada.

La afición a las competiciones de peleas o riñas de dos gallos de un mismo género o raza de aves denominada "aves finas de combate" propiciados por el ser humano para su disfrute y apuestas tenía en Écija un buen número de criadores y aficionados. Fueron múltiples las competiciones cuyas tradicionales peleas dieron origen a que se desplazaran a nuestra ciudad muchos aficionados de la región andaluza. Y es que en Écija, además de contar con un famoso reñidero en la calle Ancha, de los más importantes de España, también contaba con buenos y prestigiosos aficionados como Francisco Figueroa Fernández y Pedro Cárdenas Osuna, que cosecharon importantes premios tanto a nivel local como nacional. 

La parroquia de Santa Bárbara es la más antigua de la ciudad, pues a ella fue trasladada la silla astigitana cuando la invasión agarena. Su archivo comenzó en 1513, aunque se sabe que ya por 1411 tenía un reloj, propiedad del Ayuntamiento, cuya campana vaciada por Antonio López, se tocaba cuando los criminales eran ajusticiados en la plaza mayor. El templo comenzó a reedificarse a principios del siglo XIX. El historiador Garay y Conde al referirse a su torre dice “se construyó sobre un torreón de aquella época, sin ninguna clase de adorno y de muy mal gusto, es de tres cuerpos, y sobre los vértices de su cúspide, se eleva una gran cruz pastoral de hierro labrador.” No es de la misma opinión el profesor José Hernández Díaz, que la señala como “ejemplar interesantísimo no solo en sí misma considerada, sino por su singularidad en el mudéjar Andaluz.”

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