“Tipografía”

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Cuando los ecijanos queremos que nuestro pueblo esté limpio, que todas las papeleras estén en su sitio; cuando queramos que los suelos no estén llenos de cacas de perros, tenemos que saber que lo primero no es culpar al Ayuntamiento y sí poner más énfasis en la educación de cada vecino.

Tenemos que educar a los más pequeños para que el día de mañana no sean salvajes que destrocen nuestra ciudad. Concienciar de la importancia de nuestro patrimonio y del mantenimiento de nuestros barrios es esencial.

Seguro que en sus casas no rompen los lavabos, no pintan las paredes ni ensucian el suelo. Para sus padres son ángeles caídos del cielo, impensable que sus niños hagan marranadas.

Es vergonzoso cómo algunos vándalos pueden romper mobiliario o jardines. Evidentemente también considero vándalos aquellas personas que no recogen los excrementos de sus perros, ahí creo que el Ayuntamiento tiene que ser más contundente con las sanciones, ya que por mucho que se expliquen o se lleven a cabo campañas informativas, las personas no cambian.

Queremos una Écija sana, limpia, con buenos jardines pero si nosotros no cuidamos nuestras cosas: ¿qué queremos? ¿Cómo es posible que cada día amanezca Écija con papeleras rotas?

Estamos hartos… ¿por qué lo hacen por la noche y cuando no hay nadie? ¿No son capaces de hacerlo a plena luz y con testigos? ¿Son más “guays” por hacer ese daño? No lo entiendo.

Otra de las noticias que duelen han sido las pintadas a los dibujos realizados por Jerónimo Díaz en el parque San Pablo. Es incoherente que haya personas que dañen su ciudad, que se rían del trabajo de los demás y que no tomen conciencia de lo importante que es nuestro patrimonio. En este sentido muchas personas se han volcado en las redes sociales condenando estos actos, también ayudando a la limpieza y con la restauración de las pinturas. Esto demuestra que los ecijanos somos un músculo fuerte, unidos por nuestra tierra y cuando nos sentimos “agredidos”, nos rebelamos.

Es una pena que tengan que suceder este tipo de cosas para darnos cuenta de lo importante de nuestro patrimonio. Un ejemplo de ello es el mosaico de las dos caras, nadie conocía esta obra de arte, de la cual sólo había cuatro, uno en Luxemburgo, dos en Italia y el cuarto lo teníamos aquí en Écija. A raíz de su destrucción todas las voces se unieron defendiendo lo nuestro, pero como siempre se dice: “no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”.

Decepciona ver una sociedad con estos ciudadanos que no miran por lo suyo, por lo nuestro, por el futuro de sus hijos.

Empecemos a mirar más por nuestro patrimonio, por nuestra tierra, por nuestras costumbres. Empecemos a querer más nuestras raíces, a cambiar ese clásico mensaje de que en verano hace “musha caló” y animemos a que nos visiten en todas las estaciones del año, hace falta y esta tierra merece la pena ser visitada.

Alejandro Álvarez

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