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En estas semanas los alumnos de bachillerato han realizado los exámenes de Selectividad, ahora llamada PEBAU (Prueba de Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad), preparándose durante todo el curso para esos días cruciales en su vida personal, académica y profesional.

Una elección importante donde elegirán lo que van a estudiar en los próximos años, donde se esforzarán día a día, donde transformarán su vocación y su pasión en una profesión. El futuro de nuestro país depende de estos jóvenes, porque del acierto al escoger y del funcionamiento universitario pende nuestro destino.

Estas pruebas causan ansiedad y temor a estos alumnos que ven como en tres días pueden abrir las puertas de la Universidad o, en cambio, tener que elegir otro camino.

Todavía recuerdo cuando era estudiante, visitando Sevilla con los compañeros de SAFA en esos días calurosos de verano. Uno observaba en el autobús como repasaban a última hora, las malas caras por trasnochar, los nervios reflejados en sus rodillas; la verdad es que yo estaba muy tranquilo. 

Siempre que he tenido un examen mi planteamiento ha sido el mismo: “estudia al máximo, déjate la piel en cada momento y una vez que llega el día relájate y piensa que vas a aprobar, que lo superarás sin nervios. Si apruebo bien y si no, también.” Con esta mentalidad afrontaba los exámenes con seguridad y tranquilidad, lo que necesita cualquier estudiante que realmente se ha esforzado. Es verdad que cualquier persona puede tener un mal día, un olvido en mitad de una pregunta o una enfermedad, y como todo en esta vida hay muchas personas que se levantan cada día para cumplir, pero si te levantas y te dejas la piel destacas, eso era lo que intentaba e intento cada día. 

También es verdad que en Selectividad, ahora PEBAU, la mayoría de los jóvenes que se presentan aprueban, otra cosa es que tengan suficiente nota para la carrera requerida, para el futuro soñado, para su profesión vocacional.

En relación a las nuevas calificaciones las veo absurdas, de toda la vida las notas eran del 1 al 10; cuando escucho esas puntaciones de 12, 13 o 14 me echo a reír, no saben ya que inventarse.

Desde mi humilde opinión, el Gobierno tendría que sentarse y debatir con los diferentes partidos políticos, con las asociaciones de madres y padres, profesorado, sindicatos y profesionales educativos para plasmar una ley educativa a la altura de nuestros jóvenes, los verdaderos protagonistas. 

Dejémonos de mirar los tintes políticos y los beneficios de cada uno para aunar fuerzas y sentar las bases de un futuro prometedor.

El futuro está en las manos de estos jóvenes 

       Alejandro Álvarez

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