Ya llegado el Carnaval,
todo el mundo se disfraza,
cada cual según su guasa
o los humos que se da.
 
No siendo cosa de agravio,
ni ofender, ni avasallar,      
me gusta saborear
la salpimienta en los labios
y, sin gastar mucha cera,
iluminar sin quemar…
Por eso en este rato
propondré, a mi manera,
el tipo de algún disfraz…

Estos días se ha puesto de moda el estruendo más calamitoso y estridente. Es como si a los tontos más relevantes, les hubiera dado por adoptar el complejo de ese elefante que se mete a todo trapo por donde no debe meterse.

            La cosa empezó en Estados Unidos; pero allí se puede entender porque, a fin de cuentas, el nuevo presidente se apellida Trump y, además, es republicano. Siendo, pues, el elefante el símbolo republicano y con ese apellido, la cosa estaba como predestinada. Puede resultar hasta lógico que el hombre llegara a “trumpazos”, como elefante en cacharrería.

Tras celebrar y emocionarme en el día de hoy, con el reconocimiento concedido a Ecijaweb y a su creador, mi amigo Víctor Garrido (igual que en una edición anterior se hiciera con Ciberécija y mi hermano Juan Palomo), confieso que no se me ocurre mayor homenaje a su merecido galardón que el de continuar en la brecha de estas “Letras breves”, con el mismo espíritu de compromiso, objetividad e independencia, con el que él creó este instrumento informativo y seguir manteniéndome en el grupo de los auténticos y privilegiados “NINIS”. Me explico:

El año comienza griposo y yo he andado un poco ausente. Aparte del ataque del virus, me he tomado las vacaciones en plan sabático (que para eso son las vacaciones, digo yo): no he escrito nada: me he limitado a toser un montón, a leer y, sobre todo, a disfrutar de los míos todo lo que pude.

Hoy es Navidad: el Día de nuestras Raíces. El día en el que conmemoramos lo que somos como Sociedad: lo que sentimos y vivimos como miembros de una Comunidad de seres humanos que, durante siglos, han compartido los mismos principios y la misma Fe. Por eso hoy es un día tan nuestro. 

Aunque estemos en estas fechas –umbrales de la Navidad-, me cuesta rescatarme de la actualidad en la que nos desenvolvemos; o quizá me cuesta, precisamente, porque cuando la Navidad me reclama para la tolerancia, el respeto y la buena voluntad; en esta España de nuestros pecados, unos pocos desnortados, mediocres y manipuladores, tratan por todos los medios de dividirnos, tergiversar la realidad con las palabras que nos dicen, encantar a los descontentos y manipular a los ignorantes.

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