Llegan las elecciones otra vez y yo, cada vez tengo más claro lo que quiero y también lo que no quiero; quizá, por eso, cada vez le doy más vueltas a mi voto.

Quiero en el Congreso, menos de la mitad de congresistas de los que hay, aunque más preparados y con menos aforamientos. Lo mismo quiero para el Senado.

Una de dos: no me entero de nada o andamos invadidos por liantes que tienen embobalicada a media España.

En varios artículos anteriores confesé que fue Zapatero, cuando nos metió en el pozo sin fondo de sus “brotes verdes”, el que me obligó a votar por primera vez en mi vida al Partido Popular. La cosa era sencilla: consciente del descalabro, había que apoyar al contrario del que nos hundía.

¡Por favor, no! ¡Horror! Nicolás Maduro, el omnisciente e infalible líder de la Revolución Bolivariana, en un reto a Rajoy, amenaza –seriamente convencido- con entrar de lleno en nuestra Campaña Electoral y jugarse los votos con los demás candidatos españoles en nuestras próximas elecciones generales… ¡Como éramos pocos, nos parió la abuela. 

Llevamos tanto tiempo asqueados y aburridos de la política, por las idas y venidas, las componendas, las declaraciones, los tufillos, las zancadillas, los postureos, los amagos, los flirteos y los oropeles de nuestros gobernantes y postulantes, que al final va a resultar que el acontecimiento político más importante de los últimos meses, va a ser la Copa del Rey de Fútbol.

Lo siento pero, por mucho que algunos vuelvan a replicar y contrarreplicar mis artículos, me reitero en que me siento absolutamente incapaz de comprender a Pablo Iglesias, este pseudoprofeta del fascismo más cutre y esperpéntico. Es más, por lo que leo y lo que sé, incluso muchos de los suyos también se sienten, algunas veces, incapaces de apoyar las estupideces que mantiene, ante la impotencia de los que creen en los principios de la Democracia y la indignación de los que, realmente, han sufrido el espanto de sus más fanáticos enemigos.

En estos últimos meses, tuve muy presente a Don Miguel de Cervantes en mis artículos. No podía ser de otra forma: mi admiración por él es inmensa pero, además, los hechos que andan ocurriendo en nuestro país, de un tiempo a esta parte, nos exigen una profunda reivindicación de su filosofía, de su literatura, de toda su aportación a nuestra Historia Común.

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