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Tuvo que ser las vísperas del Día de la Constitución, cuando uno de los lectores de mis artículos me interpelara sobre mi opinión respecto a VOX.

Como soy hijo de la lucha por la Transición y ejercí la política de los años posteriores, me considero eminentemente Constitucionalista y, partiendo de esta premisa, desgloso los siguientes puntos de la Carta Magna:

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Como demócrata, apoyo las urnas y aborrezco a los que no aceptan sus resultados. No debemos olvidar que el Poder reside en el Pueblo. Por tanto, respeto a VOX en cuanto que es un partido que ha acudido a las elecciones y ha sido votado por casi cuatrocientos mil andaluces y, en consecuencia, rechazo a los que no aceptan la voluntad de todos esos ciudadanos y lo demuestran con actos violentos.

Por otra parte, como demócrata constitucionalista, defiendo la Constitución y, en consecuencia, rechazo a los que la ignoran o la violentan. Ayer VOX participó en un acto de homenaje a la Constitución, que fue violentado por los independentistas y los antisistemas catalanes. Por tanto, como demócrata, debo apoyar a VOX y su derecho a homenajear nuestra Constitución y rechazar –por antidemócratas- a los violentos.

Además, la Constitución establece como símbolos de todos los españoles, su himno y su bandera. VOX es un partido que defiende ambos símbolos y, por ello, son insultados y violentados. Hace sólo tres días, en el País Vasco, un joven de 19 años que defendía la Unidad de España y sus símbolos, fue apaleado por 15 energúmenos encapuchados. Yo condeno a estos verdaderos fascistas y respeto a quien, en zona tan hostil, defiende los símbolos democráticos de todos poniendo en riesgo su propia integridad física.

También la Constitución defiende, como derecho fundamental, la igualdad de todos los españoles ante la Ley. VOX defiende la derogación de unas leyes que, durante los últimos años, han pasado de defender los legítimos derechos de las mujeres (que tenían que ser reivindicados y defendidos) a crear un ambiente hostil de agravio comparativo y discriminación positiva, hasta el punto de llegar a negarle al hombre desde su derecho fundamental a la presunción de inocencia a la competencia en igualdad de condiciones, tanto en la consecución de ayudas y subvenciones, como al acceso al mercado laboral, los cursos de formación o los recursos sociales. Por tanto, comparto con VOX esta iniciativa, ya que considero que esas leyes (que, en principio fueron necesarias) han acabado por atentar contra el principio constitucional de la igualdad entre los españoles. 

Uno de los derechos fundamentales que contempla la Constitución, es el de la Vida y VOX aboga por la abolición del aborto.

Como ciudadano y como profesional sanitario, considero que el aborto es un crimen y, además, creo que a la hora de defender los derechos constitucionales, deben prevalecer los de los más débiles, los de los más indefensos e inocentes, sobre los que pueden defenderse, decidir y asumir la responsabilidad de sus actos. En consecuencia y, como constitucionalista, considero que el derecho que tiene un niño a la Vida, debe prevalecer sobre el derecho de los padres a vivir mejor; y,  por eso, apoyo esta iniciativa.

A partir de aquí, ya empiezan los matices, pues hay propuestas de VOX que sólo comparto a medias y otras que no comparto en absoluto. Pero eso mismo me pasa con las de PODEMOS. Los partidos políticos ubicados en los extremos, nos ofrecen opciones que casan perfectamente con nuestros extremismos (o principios inamovibles)y otras que sacuden nuestra conciencia como una esterilla y que rechazamos de plano.

De todas formas, hoy por hoy, VOX no me ha dado razones objetivas para el anatema. Además, las feroces críticas y el maltrato a los que está siendo sometido, los están convirtiendo en víctimas de los verdaderos fascistas de nuestra Democracia (que son los que ACTÚAN contra la voluntad de las urnas) y esto está moviendo en mi ánimo una simpatía que no llega a devoción.

Tengo claro que no lo votaré nunca porque hay propuestas, como la desaparición de las autonomías, el posible trato discriminatorio respecto a ciertas minorías o la imposición de cuotas a nuestra solidaridad, con las que estoy en absoluto desacuerdo; pero, la verdad, es que ese desacuerdo parcial me ocurre también con otros partidos que, como VOX, no me han dado motivos para la inquina (además, huyo de prejuicios ajenos y voceadores interesados).

Escribí que este año mi voto lo inmolé en el altar de la Utopía Verdiblanca y alguien pensó que era una forma de desperdiciarlo. Pero yo respeto a todos los partidos constitucionales que, POR SUS ACTOS, me demuestran que lo son. Todos –y cada uno de ellos- tienen cosas que me agradan y otras que no… pero, precisamente por eso, a la hora de votar en conciencia, antes que un descalabro cierto en mayor o menor medida, prefiero optar por mi Utopía Verdiblanca.

 

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