“Tipografía”

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Los tiranos surgieron siempre desde la ignorancia y, por eso, afianzan su tiranía quemando libros, asesinando a educadores y filósofos, derribando o controlando las aulas con inquisidores o comisarios políticos (¿qué más da el nombre que tuvieran?...): todo, por evitar la dignidad formada del ciudadano, la reacción de quien conoce las opciones, su capacidad garante de una elección realmente libre. A cambio, la tiranía propicia el pan y el circo, el bienestar filiadas, las gratificaciones de la servidumbre; y quizá, por esto, son los ignorantes sin conciencia y los pillos sin escrúpulos, los que infestan las tiranías y las mantienen.

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Por el contrario, una Sociedad de ciudadanos libres comienza y acaba en la Formación, en la Educación. Son los pilares del conocimiento, de la tolerancia, de la objetividad, del respeto,… y es, precisamente, en esto donde estamos fallando clamorosamente.

Ya no es sólo la incapacidad de nuestros legisladores para ponerse de acuerdo en una Ley de Enseñanza plenamente consensuada y duradera que, realmente, sirva a las necesidades de todos los ciudadanos y no sólo a los de los políticos de turno, sino a la rémora de años de mala praxis, que lo mismo tergiversa la Historia de una nación para reconvertirla en diecisiete historietas distintas, que nos ofrece el espectáculo de educadores incapaces de superar las pruebas de ortografía de las oposiciones para maestros (¿cuándo sustituiremos, de una puñetera vez, la obligación de conocer el inglés por la de saber hablar y escribir nuestro propio idioma?)

Pero, a más intereses sectarios y menos escrúpulos, mayor es el descalabro y el esperpento con el que nos sorprenden. Las dos últimas ocurrencias anunciadas por Isabel Celáa me han puesto los vellos de punta. La primera –como hay poco mediocre en nuestra España- nos anuncia el regalo del Título de Bachiller a los alumnos con un suspenso y, para colmo, Celáa lo expone así: “si un alumno tiene una asignatura no lo suficientemente aprobada”. Como si las asignaturas “no lo suficientemente aprobadas” no fueran las suspendidas (¡lo que hace el barroco rocambolesco de quien intenta la ambigüedad!)

Pero si es malo regalar un título a quien no está preparado, peor es dejarlo en manos de una “comisión que evaluará la necesidad que tiene el estudiante de ese título”. Esta decisión destroza todo resto del principio fundamental de “mérito y capacidad”, para dejar en mano de la subjetividad, del interés o de la arbitrariedad de una “comisión”, el futuro de nuestros jóvenes y, de paso, fomenta una Sociedad clientelar de pícaros mediocres y desmotivados.

El segundo de los esperpento de Celáa lo anunció ayer y, aunque lo leí en toda la prensa, todavía no me lo creo: ¿de vedad pretende el gobierno designar comisarios políticos para los Centros concertados? No se entera esta gente que somos los padres quienes tenemos el derecho inalienable de decidir sobre la educación de nuestros hijos y que somos los mejores celadores de sus progresos. No se enteran que, en una Sociedad Democrática, nadie puede imponer ni sus ideas ni sus principios a golpe de decreto y, mucho menos, a través de comisarios políticos en los centros educativos. Con estos intentos, en España, cada vez rozamos más la Dictadura de la Progresía… y no deberíamos olvidar que una dictadura (tenga el color que tenga) siempre resulta nefasta.

Yo, ciudadano, exijo el respeto a mi dignidad individual y, con ello, mi derecho a pensar libremente, a educar a mis hijos según los principios que me inculcaron, a manifestarme cuándo, cómo y donde me plazca –respetando la dignidad de los demás- y a contar con todas las garantías de un Estado de Derecho (léase, fuerzas de seguridad y jueces), para vivir mi vida conforme a las raíces que me alimentan y heredé de mis padres, y esta conciencia nítida sobre lo que soy y sobre lo que creo, y que deseo, llegado el día, poder legarle a mis hijos sin que me lo impida ningún gobierno.

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