“Tipografía”

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Esta semana Susana Díaz compareció ante la Comisión del Senado encargada de investigar las financiaciones irregulares de los partidos políticos, para declarar sobre el caso más grave de corrupción habido en España: el que, “presuntamente”, se ha perpetrado durante años en Andalucía por parte del PSOE de la Junta: los casos de los EREs y el de los Cursos de Formación (“Caso Edu”).

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Era de prever que, ante tamaña papeleta, nuestra Presidente se intentara defender como gata panza arriba, como así lo hizo. Por un lado, atacó al PP acusándolo de ir contra ella porque se acercan las Elecciones Andaluzas. Por otro, intentó aparecer como una víctima más, argumentando que ella no había participado en nada y que todo lo que se estaba juzgando eran asuntos anteriores a su mandato.

No obstante -y si he de serles sincero-, Susana con su intervención me retrotrajo a un artículo que escribí hace tiempo sobre el reflejo condicionado y en el que advertía que dos y dos son cuatro, y el que cuente cinco, o no sabe contar o está comiendo del palote que le sobra.

A las preguntas que le formularon, Susana no pudo, no supo o no quiso responder y, más bien fue lo último, ya que algunas eran tan simples como si había firmado algún convenio con la UGT para compartir alguna sede del PSOE, si su partido se había beneficiado de los alquileres pagados con subvenciones a la UGT, si los cursos de formación se habían dado en sedes del PSOE, si sabía de dónde habían salido los cuartos para las mejoras de las sedes de su partido, o si sabía algo (que debía saberlo, digo yo) sobre la contratación “a dedo” en la UGT y empresas “amigas” de algunos de sus familiares (el último, el de una hermana de su marido en “Biodiésel Andalucía”, empresa que trabajó para la Diputación de Sevilla y que, según parece, aceptó la “recomendación” de 46 personas allegadas).

Pero los datos son datos, están para analizarlos o exponerlos para el análisis; y, como diría mi queridísimo hermano Miguel Aguilar (socialista de pies a cabeza): o pensamos como ciudadanos o nos callamos como vasallos (aunque yo, que soy más basto, diría como “mamonas”). Por eso y aunque la cosa se extienda un poquitín más, ahí van los datos que se barajan en los juicios abiertos, para el que quiera analizarlos como se debe.

En el primer juicio del caso de los ERE, se sentaron en el banquillo, entre otros, dos expresidentes andaluces, seis exconsejeros y otros 14 exaltos cargos de la Junta. En total, fueron unos 500 imputados. 

En el montante económico hay ciertas dudas, porque son muchas las causas abiertas. La juez Alaya cifró, sólo el caso de los EREs en unos 855 millones de euros; la Fiscalía Anticorrupción en 741’6 millones de euros.

Esto sólo en los EREs; pero, en cuanto al fraude de los Cursos de Formación, se trataría de pagos que la Junta habría realizado por cursos que nunca se dieron. Por este fraude estarían siendo investigados, aparte de la Junta, 17 empresas y más de 200 individuos; aunque, personalmente, lo que considero más grave en este caso, es que el dinero estaba destinado a cursos de formación profesional ocupacional (FPO) y, por tanto, a los andaluces parados.​.. y el montante total, entre 2007 y 2013, que se considera defraudado, oscila entre los 1.000 y 1.500 millones de euros; aunque un informe de la Intervención General de la Junta cifra la cantidad “perdida” en formación –entre 2005 y 2013- en 3.015 millones de euros.

La realidad es que, hoy por hoy, no se sabe cuánto dinero se ha justificado debidamente y cuánto está pendiente de hacerlo. Se sabe también que, debido a la ralentización del proceso, después de tanto tiempo, la mayoría de los expedientes pueden haber prescritos y que hubo grandes cantidades que se dieron a consorcios públicos de la Junta, a los que la propia administración no podrán reclamar.

Pero lo que está claro (porque dos y dos son cuatro) es que hubo fraude continuado durante años con el dinero de todos los andaluces y, especialmente, con el destinado a los parados. Que todo fue posible porque hubo políticos que lo permitieron y lo favorecieron. Que esta es la política del “voto clientelar”. La misma de los antiguos señoritos de los cortijos; la de las colas de la guiropa y el buche agradecido; la de los paternalismos rancios, que siempre se ejercieron desde los burdeles donde los caciques pagaban al contado (entonces, no había tarjetas “black”) las putas, el vino y el sarao, con los dineros que le sacaban a sus peones. Peones o vasallos, ¿qué más da?

Susana, nuestra Presidente (la que accedió a su puesto por un “dedazo” de Griñán y, por ello, asumió su nefasto legado) esta semana pasada tendría que haber respondido en el Senado, aunque sólo fuera por el respeto que le debe a los ciudadanos de Andalucía que la escuchábamos. Al menos, a los andaluces que no le debemos nada y que nunca nos sentimos vasallos.

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