“Tipografía”

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Ayer, mientras viajaba hasta Cañada Rosal con dos queridos amigos moreneros, uno de ellos, Antonio Rojas Barea (socialista él de los cabales, de los comprometidos, de los de toda la vida), les confesaba que lo que no le perdono a Pedro Sánchez, es que esté polarizando a los españoles como nunca antes lo habían estado en nuestra Democracia.

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Le confesaba a mi hermano –más que amigo- que, desde que dejé el PA, me sentía completamente libre y distanciado de todos los partidos, lo que me había permitido votar, durante los últimos años, según una conciencia más formada, más informada y, sobre todo, más independiente. Sin embargo, Pedro Sánchez –que, al principio, confieso que me ilusionó con la mayoría de su equipo- me anda arrinconando cada día más… y, cada vez, me siento más polarizado sin yo quererlo.

El hombre llegó por la gatera y no me importó, pero a partir del gesto de subirse a un avión, pagado por todos los españoles, para darse un garbeo con la familia y las amigas de las niñas, como que ya me dio en las narices. Luego, veraneó a tutiplén, montó en su helicóptero para acudir a una reunión con sus allegados y volvió a tomar el avión para perderse por esos mundos, procurando no estar en el nuestro llegado el mes de octubre y, con él, las secuelas de aquel 1-O, que tanto daño hizo a España, a Cataluña y a nuestra convivencia democrática. De esta forma fue cómo las movidas de los cafres de los CDR, lo cogieron lavándose las manos entre las aguas del Atlántico y el Pacífico.

Después, cuando la cosa se le puso rancia, trató de suprimir al Senado y, acto seguido, pactó hermandad de sangre y de viandas con Pablo Iglesias: el mismo al que había calificado repetidas veces como un populista charlatán y mentiroso, que venía a destruir España. Pues a ese mismo le regaló las llaves del Reino: entre ellas, las de la televisión de todos -para que atara y desatara lo que tuviéramos que conocer los ciudadanos- y la de nuestro futuro económico -para que lo repartiera a gusto del consumidor independiente y voraz-…

Más, llegando al esperpento del disparate, ayer mismo, no sólo le vendía bombas a un Régimen islamista y feudal, que lapida mujeres y asesina periodistas, sino que se negaba a condenar la dura represión que están ejerciendo contra el Pueblo los tiranos hispanoamericanos protegidos por Iglesias y compañía (sus hermanos de sangre y de viandas); y, para colmo, no se le ocurría otra cosa que sentar cátedra y doctorado falso, asegurando que los jueces llaman “rebelión” a lo que no lo es. Este irresponsable parece no darse cuenta de que, con esta última afirmación, no sólo desautoriza las opiniones sobre jurisprudencia de los jueces sino que, de paso, reconoce que en España, desde hace un año, hay presos políticos en la cárcel (que eso es y no otra cosa, proclamar que no hubo rebelión en Cataluña, cuando por esa rebelión fueron presos y permanecen encarcelados toda esta caterva de golpistas)

Pero este hecho, a nivel político, supone algo muchísimo más grave: el Presidente del Poder Ejecutivo se inmiscuye de lleno en las decisiones del Poder Judicial. Es decir: perpetra un acto contra la independencia de Poderes, que es la base fundamental de nuestra Constitución, de nuestra Democracia y de cualquier Estado de Derecho.

Si Pedro Sánchez no se da cuenta de lo que dice o de lo que hace, demostraría ser un inepto y un inútil irresponsable y peligroso; pero si se da cuenta –y, además, lo hace con intención de poder desautorizar a los jueces para conseguir dar respuesta a las exigencias de los independentistas-, es aún mucho peor: eso lo convierte en un indeseable parásito, reo de su propia ambición, que está dinamitando nuestra convivencia, con el único propósito de mantenerse y disfrutar del poder sea como fuere..

Este Sánchez lapa, vividor a costa del Erario público, soberbio a marcha martillo, incoherente hasta lo patético, derrochador de lo ajeno y malmetedor hasta lo absurdo que, con tal de mantenerse en la poltrona, busca sus aliados hasta la imprudencia para cambalachear con los poderes y sus influencias, está provocando (y no me creo para nada las encuestas de su CIS), la más indeseable bipolarización de los españoles… y eso sí que no se lo perdono (ahora, que vivía yo tan en paz conmigo mismo y que lo tenía todo tan claro).

Si no me creen cuando me lean, paren un momento el carro para recapacitar un poquito, procuren ser todo lo objetivo que sean capaces y, después –aunque sólo sea para ustedes-, piensen cómo les está influyendo todo esto.

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