“Tipografía”

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¿Pues qué quieren que les diga? Yo comprendo perfectamente la postura de Pablo Iglesia e Irene Montero o, por lo menos –si no fuera por lo mal que le ha quedado lo de la coherencia-, confieso que no sería yo quien tirara la primera piedra (y a ver quién se atreve, con la vocación de burgueses que envenena nuestro ADN)

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Hay que comprender las cosas. El hombre –como ser humano que es- ha nacido para burgués, por eso (como hacemos todos) sueña con un buen coche, un chalé en condiciones, una carrera decente para sus hijos, unas largas vacaciones de vez en cuando, un buen viajito,… ¡en fin, lo lógico!

¿Qué después, dicen, por la envidia cochina, que ha empezado a ser de “la casta”? ¡Pues, si dicen, que “dizan”!, como decía el otro. Seguro que el que lo dice, es porque no tiene; que, cuando le llegue, ya veremos cómo baila… y, si no, que se lo pregunten a Don Pablo y a doña Irene.

Sea como sea, hay que reconocer que es listo el puñetero; lo es hasta para equivocarse. Después de todo lo que ha dicho y prometido por su boquita, hace lo que hace y, en vez de recular, tiene la inteligencia de poner su futuro en mano de las bases, para dejar que sean ellas las que decidan si se quedan o se van. El tío se autoinmola para quedar como víctima propiciatoria y estoico supremo. Está claro que va un paso por delante de los que lo rodean y le encantan los efectos especiales. Ahora estará pendiente –y tan campante- de la decisión de las bases sobre su, no sé si llamarlo “mea culpa” o “desplante a la torera”.

La realidad es que las bases son las bases y un populismo, como el de Podemos, sin un líder no es nada… y la pareja lo sabe. No obstante, si se diera el hipotético caso de que las bases votaran por la coherencia y mandaran a su casa a Pablo y a Irene… pues ¡de puta madre para ellos! (con perdón); a fin de cuentas, los mandarían a un chalé de más de cien millones de las antiguas pesetas, con sus compensaciones adquiridas.

¡Así que nada!, tendremos que seguir en este mundo de ciegos, donde la “casta” va ganando adeptos entre los progres de abocallena que, secretamente, soñaban vivir como burgueses; mientras que, por el noreste, la impresentable troupe del payaso Puigdemont y su contraugusto “Quim”, encastados –más que descastados-, se perpetúan en la empecinada embestida contra el peto de lo imposible.

Por mi parte (y aunque desprecio a los unos y a los otros: a estos por xenófobos y a aquellos por manipuladores), antes que con los encastados, me quedo con los de la casta, porque mientras aquellos andan entre saltos de mata –de aduana en aduana y rejas de presidio-, éstos, por lo menos, tienen su chalecito con piscina.

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Joyyería Ramos - Nav 18 -01
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