“Tipografía”

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

Es curioso lo que sucede con mis artículos: mientras más se comparten, menos se comentan públicamente. Supongo que porque expongo asuntos espinosos con reflexiones que, a veces, me conducen a lo políticamente incorrecto y quien los lee prefiere no expresar públicamente una postura compartida.

Publicidad

Me sucedió también en el último artículo sobre la manada. Me alegró comprobar que fueron muchos los que, tras superar el “bote pronto” de la corajina, hallaron –como yo- la serenidad para comprender que la Justicia debe estar en mano de los jueces y no entre las nuestras, por mucho que arreen las masas desgañitadas y los telecinqueños.

No obstante y, a raíz de esto, de un tiempo a esta parte vengo observando un hecho preocupante. A la hora de posicionarnos de alguna forma, todos tenemos un cierto criterio posicional, según nuestros principios. He confesado muchas veces que mi GPS, desde loa años de Facultad, siempre anduvo por el Centro progresista.. De esta forma, siempre tuve personajes de referencia a los que apoyar en cada momento.

Sin embargo, desde hace unos años, la deriva intransigente, vocinglera e incoherente, de quienes –a mi entender- deberían mantener cierto equilibrio ético, está provocando en mí una cierta reacción de aversión, que se trasluce en mis artículos en una deriva al contrapeso (a veces hasta siento, con cierta preocupación, que me escoro demasiado hacia estribor sin pretenderlo).

No obstante, la cuestión tiene fácil explicación: de los “míos”, de los que luchan por una Sociedad limpia, progresista, justa, plenamente democrática, sólo puedo esperar la ética necesaria para una gestión transparente y la coherencia imprescindible. De los “otros”, por el contrario, no puede extrañarme otro tipo de actuaciones. Sin embargo –y he aquí el problema-, los “míos”, con sus continuas incoherencias, provocan en mí la desilusión de quien deposita sus esperanzas en quien continuamente las frustra.

Como creo en la honradez, pienso que los más honrados serán “los míos”. Cuando voy a criticar a “los otros” por sus titulaciones falsas y la apropiación de 50 millones del Erario Público, los “míos” roban 800 y también se titulan.

Como creo en la división de poderes, cuando voy a criticar a los “otros” por las presiones que hacen a los jueces desde la fiscalía, cuando emiten decisiones que no les agradan; van los “míos” y le piden al Gobierno que interceda e influya directamente en esas decisiones.

Pero es que, además, como creo en la convivencia, espero de todos la generosidad, la tolerancia y el respeto necesario para con los demás; y, aunque puedo presuponer que a “los otros” les cueste (a los “que siempre mandaron” y quieren conservar sus privilegios), me sorprende que los “míos” encuentren tantos problemas para explorar esa generosidad, esa tolerancia y ese trabajo por la convivencia… porque, por desgracia, los conflictos –casi siempre artificiales- que están fraccionando nuestra Sociedad, están surgiendo desde la izquierda.

Creo que es un error mayúsculo, responder continuamente al estímulo arco-reflejo de la oportunidad, las presiones mediáticas y los intereses de algunos sectores electorales. Que actuaran así los políticos populistas, ignorantes, los botarates vacuos que, en vez de servir al Pueblo, se sirven de él, pase;… pero a esos siempre los tuve yo entre “los otros”.

En mi Humanismo de Centro Progresista, quiero gente para servir, para formar e informar a los ciudadanos, para construir una Sociedad fundamentada en la transparencia y la meritocracia, de individuos verdaderamente libres y sin complejos. Políticos así son los que siento “míos” y quiero que me representen.

Pero lo dicho: visto lo que está pasando con los “míos” (que son los que, realmente, me preocupan), cuando releo mis artículos y los analizo con la perspectiva del tiempo, me doy cuenta de que, o bien yo ando desnortado de unos años a esta parte, o es que estos mercenarios botarates, metidos a corsarios, me están torpedeando por babor todas las convicciones (¡hermosas utopías de fraternidad, legalidad e igualdad!) que siempre me mantuvieron a flote, como Hombre y como Ciudadano.

 

Publicidad
Publicidad