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No puedo evitar cierta congoja cuando todos los años, llegadas estas fechas, se acostumbra a interpretar la música que Serrat compusiera al poema “La Saeta” de Antonio Machado, para acompañar los actos cuaresmales y los pasos de nuestras imágenes de crucificados.

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Sin embargo, lo peor, no es la música sino, que en muchas ocasiones, es también la letra la que se interpreta en las calles, en los templos y en los eventos, como homenaje lírico a cualquier advocación de las muchas Hermandades de nuestra Andalucía. Para mí que, si Don Antonio levantara la cabeza, se volvía a la tumba de una irritación.

De los hermanos Machado, fue Manuel quien más se dejó influir por su padre, el gran flamencólogo conocido con el sobrenombre de Demófilo. Antonio, sin embargo, como miembro más joven de la Generación del 98 (que rechazaba frontalmente este tipo de manifestaciones populares) se desvinculó completamente del flamenco, aunque –paradójicamente- fue su poema “LA SAETA”, incluyendo la saeta anónima que lo encabezaba, los que –tras ser musicados por Serrat- se han convertido en paradigmas de este cante. No obstante, lo más extraordinario, es que –claramente- lo que el poeta pretendía era, precisamente, todo lo contrario: teniendo en cuenta el desprestigio de “lo popular” para la Generación del 98, desde su primer verso (“dijo una voz popular…”) Machado expresa en su poema, su rechazo contra la fe manifestada en la veneración iconográfica, así como lo que representaban y representan los desfiles procesionales de la Semana Santa en Andalucía y la forma de entender la Pasión de los andaluces.

En “La Saeta”, el poeta exhibe su humanismo cristiano desde la fe en un Cristo vivo y el Mensaje de un Cristo “que anduvo en la mar”. Es a ese Jesús al que el poeta quiere cantarle. Sin embargo, rechaza de plano porque “no quiero cantar, ni puedo…“, por un lado, “el cantar del Pueblo Andaluz, que, todas las primaveras…”; por otro, “al Cristo de los gitanos (no el suyo), siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar…“; y, por último, “a ese Jesús de la agonía, que es la Fe de mis mayores (no la suya)”

Para facilitar la comprensión de su intencionalidad, sólo nos basta tomar el poema y adjuntar como “nexo” en cada párrafo, el verso que le otorga el sentido que el poeta quiere transmitir (“¡No eres tú mi cantar!”), obtendríamos:

¡Oh, la saeta, el cantar 
al Cristo de los gitanos, 
siempre con sangre en las manos, 
siempre por desenclavar! 

¡No eres tú mi cantar!

¡Cantar del pueblo andaluz, 
que todas las primaveras 
anda pidiendo escaleras 
para subir a la cruz! 

¡No eres tú mi cantar!

¡Cantar de la tierra mía, 
que echa flores 
al Jesús de la agonía, 
y es la fe de mis mayores! 

¡Oh, no eres tú mi cantar! 
¡No puedo cantar, ni quiero 
a ese Jesús del madero, 
sino al que anduvo en el mar!

Ojalá nos vayamos dando cuenta, de que Antonio Machado, en su poema “La Saeta”, lo que pretendía expresar era su rechazo a los desfiles procesionales de nuestras imágenes y a la Fe secular de nuestro Pueblo hacia esas imágenes.

Si este año, al pasar la banda o cantar el saetero de turno, alguien se detiene a reflexionar y recuerda estas letras, ya habremos conseguido algo.

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