“Tipografía”
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En principio creí que esta gente jugaba al ajedrez, pero me parece que no es al ajedrez a lo que juegan sino al ping-pong. La cosa no es cuestión de neuronas sino de reflejos.

Entre los independentistas la cosa está clara: hay que mantener a Puigdemont a toda costa. No hacerlo supondría que el Estado habría ganado el pulso. Nombrar a otro que no sea su “legítimo President”, se convertiría en la prueba fehaciente de que, siempre que sea necesario –y tratándose de uebos-, el Gobierno de España puede, a zurriagazos del 155 de la Constitución, imponerse al de Cataluña.

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Sin embargo, tras las últimas elecciones catalanas, el problema se les ha complicado. Puigdemont era Presidente porque, antaño, su partido (el de la burguesía catalana de toda la vida) había sido el más votado en el Parlamento. Pero ahora las tornas han cambiado: no sólo ha ganado Ciudadanos sino que, en el bloque independentista, los de la izquierda republicana le han echado la pata a los de la derechona burguesa y, aunque no quieran admitirlo, están deseando que desaparezca el president para tener la oportunidad de imponer a su propio candidato. Así que saben –y ya hay voces advirtiéndolo- que, si pierden el pulso con el Estado, ellos ganan.

Más, con todo este gazpacho, lo más esperanzador es que parece ser que, por primera vez, el Poder Judicial funciona y se impone en España.

Si partimos de la premisa de que un ciudadano puede pensar y decir lo que quiera sin problemas, hemos de concluir que la realidad de los parlamentarios catalanes -presos o huidos-, no es que desearan rebelarse contra el Estado y declarar una Cataluña independiente, sino que lo hicieron: se convirtieron en delincuentes y tienen que responder ante la Ley

No obstante, existe la presunción de inocencia hasta que la sentencia no sea firme; por eso, ellos cuentan con el amparo de la duda y la Justicia con el de la detención preventiva; y, mientras ellos –haciendo uso de sus derechos- rebuscan artimañas para intentar jugar con los tiempos y eludir responsabilidades, el Poder Ejecutivo aplica los medios que le concede la Ley para evitarlo. Lo dicho, como en el ping-pong: pelotita que quieres meterme, pelotita que te devuelvo. Cuestión de reflejos.

Sólo la Justicia puede servirnos de árbitro.

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