“Tipografía”

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Fue en 1934 cuando, por primera vez, los nacionalistas burgueses catalanes decidieron ir a las Elecciones Municipales y Regionales, formando una candidatura conjunta con la recién aparecida ERC, a fin de obtener la mayoría suficiente para crear una República Catalana Independiente. Aquel frente independentista ganó con una mayoría holgada de votos (no como ocurrió en las últimas elecciones que, a pesar de la mayoría de escaños, no consiguieron la mitad de los votos) y el 6 de octubre Lluís Companys proclamó unilateralmente el Estado Catalán de la República Federal Española. ¿Les va sonando?

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Agustí Calvet, director del diario “La Vanguardia”, viendo el desaguisado, escribió: Mientras escucho me parece que estuviera soñando. Eso es, ni más ni menos, una declaración de guerra… —que equivale a jugárselo todo, audazmente, temerariamente— en el preciso instante en que Cataluña… había logrado sin riesgo alguno,… una posición incomparable dentro de España, hasta erigirse en su verdadero árbitro, hasta el punto de poder jugar con sus gobiernos como le daba la gana! En estas circunstancias, la Generalidad declara la guerra, esto es, fuerza a la violencia al Gobierno de Madrid, cuando jamás el Gobierno de Madrid se habría atrevido a hacer lo mismo con ella”. ¿Les sigue sonando?...

A partir de ahora, les cuento lo que sucedió: Companys le pidió al capitán general de Cataluña,  Domingo Batet, que se pusiera a sus órdenes “para servir a la República Federal que acababa de proclamar“. El general habló con el jefe de los Mozos de Escuadra, Enrique Pérez Farrás, para que se pusiera a sus órdenes, pero éste (que era un funcionario de la Generalidad y no había leyes como las que ahora se han dictado al respecto) le respondió que sólo obedecía al presidente de la Generalidad. Entonces Batet contactó con el presidente Alejandro Lerroux, del Partido Republicano Popular que, inmediatamente, proclamó el estado de guerra.  

Después de una noche de enfrentamientos, sobre las siete de la mañana del 7 de octubre, las tropas entraron en el Palacio de la Generalidad y detuvieron a Companys y a su gobierno, a varios diputados y al presidente del parlamento Joan Casanovas. En el Ayuntamiento al alcalde y a los concejales. Aquella mañana, las calles quedaron vacías y todo volvió a la normalidad

El balance de las veinte horas escasas que duró la rebelión, fue de 46 muertos (38 civiles y 8 militares) y más de 3.000 personas encarceladas. Los militares que formaron parte de la insurrección, fueron condenados a muerte. El Presidente y el gobierno de la Generalidad fueron condenados por “rebelión militar” a 30 años de prisión. El gobierno republicano de Lerroux clausuró centros políticos y sindicales, cerró periódicos y disolvió ayuntamientos. La autonomía catalana fue suspendida indefinidamente por una ley aprobada el 14 de diciembre y la Generalidad de Cataluña fue sustituida por un Consell de la Generalitat designado por el Gobierno y presidido por un Gobernador General de Cataluña.

Visto todo esto y sabiendo que la Historia está condenada a repetirse, me pregunto: ¿Es por estos antecedentes que Rajoy ha optado por la prudencia, redactando nuevas leyes que advierten a políticos y funcionarios de sus responsabilidades legales con la Constitución? ¿Sabemos a lo que nos estamos arriesgando? ¿Tan poco les importan sus ciudadanos a los políticos independentistas catalanes?

Hace un par de años escribí que lo que andaba haciendo Convergencia con toda su movida independentista, no era sino crear una cortina de humo para tapar su corrupción. Había que desviar la atención del Pueblo y el mejor cortafuego para la razón indignada siempre ha sido su manipulación a través de la ira y, como lo sabe todo quisqui, a lo que mejor reacciona un catalán medianamente exaltado, es al agravio comparativo con el Centralismo del Estado Español. Es lo mismo que nos pasa en Andalucía con los gaditanos y los jerezanos o los malagueños con los sevillanos… pero en esaborío y con mucha más mala leche. Por eso fue que, en su día, CiU y ERC se aliaron con la CUP y pusieron la zanahoria del independentismo en la punta del palo. Además, están contando con la perenne ambigüedad de Podemos, que están -pero no han venido- y sí, pero que como que no, porque aunque no es, puede ser que sea, todo dependiendo de por donde sopla el aire o se mueve la bandera de las bancadas de los otros.

Se han dado ya demasiados pasos y me temo que será muy difícil que la cosa no se vaya de las manos. Sin embargo necesito conservar la esperanza en la sabiduría de nuestros políticos para evitar males mayores y que, al final, el mal menor que suframos como Democracia, por la exclusiva torpeza de estos cafres, sólo sea el de haber elevado al cachaza de Rajoy al pedestal del héroe que supo liderar a los partidos democráticos y mantener la cordura y la unidad de España,  

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