“Tipografía”

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Como decíamos ayer o antes de ayer, tras la generación heroica de la postguerra -que levantó España y se esforzó en olvidar enfrentamientos y agravios-, y la desnortada por la Transición que tuvo (que tuvimos) que coexistir y asimilar el aprendizaje de dos mundos absolutamente opuestos en los que la naturaleza del bien y del mal fueron invertidas repentinamente (lo que nos enseñaron como malo resultó ser genial y lo que nos enseñaron bueno resultaron tonterías); llegó una nueva generación - la que nació en la década de los setenta u ochenta del pasado siglo- que cambió “el oportuno cachete a tiempo”, por el “incalificable atentado de la guantá” y la bronca de los trasnoches, por la filosofía del diálogo con los lactantes hiperactivos.

Fue la generación timorata que huyó del complejo de ser “carca” o parecer “facha”, para ponerse la etiqueta de lo “esnob” y lo “progre”, y acabar tragándose el caos del anarquismo más rancio… y, lo que fue peor, generando, con ello, una horda de monstruitos del derecho empedernido, la réplica obligada a los mayores y la controversia familiar por transmisión espontánea. Esperpento tragicómico de un montón de adolescentes a los que, no sé por qué, los han criado como si fueran dioses. Menos mal que esta última generación –casi la de nuestros nietos-, también incluye elementos extraordinarios que nos demuestran su responsabilidad salvaguardando su Ego de todas las facilidades que reciben para hipertrofiarlo.

La mayoría de estos chavales lo tienen todo y, por eso, no valoran casi nada; exigen los derechos como privilegio de cuna y andan con las falanges hipertrofiadas por el uso de los terminales de última generación, procurando no mover el espinazo del sofá por temor a la quiebra. Una generación ésta -la última de españolitos-, que ha generado individuos como este crío almeriense de 15 años que denunció a su madre, simplemente, por cumplir con su obligación y ejercer como lo hubiera hecho cualquier padre responsable con la educación de su hijo. Tengo cada vez más claro que, en esta nueva generación, junto a chavales muy responsables, hay “agilipollados” a manojitos… y todos por nuestra culpa.

Lo que no dejo de preguntarme es de qué generación será el fiscal de Almería que dio curso a la denuncia y pidió nueve meses de cárcel para esa madre.

Lo pienso; y, entre éste y aquellos, me pongo a llorar directamente.

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