Wes Craven nos regaló en el año 84 una de las mejores cintas de terror de todos los tiempos. ¿Quién no ha sufrido las pesadillas de ese grupo de jóvenes que se enfrentaban a un todopoderoso (en sueños) Freddie Krueger? Desde su estreno, la cinta, que cuenta con nada menos que con siete secuelas, una serie propia, un crossover con Viernes 13 y un fallido reboot, pasó a los anales del slasher, convirtiendo a su villano en un icono de las décadas de los ochenta y noventa que todavía hoy mantiene su legado.

Los más «tulliditos» recordamos con especial cariño el experimento que en el año 86 perpetraron Jim Henson y Terry Jones sobre una chica (una aniñadamente bella Jennifer Connelly) que tenía que adentrarse en un impresionante laberinto lleno de criaturas mágicas en busca de su hermanastro pequeño, raptado por Jareth, el rey de los goblins (interpretado por el camaleónico David Bowie).

El panorama político de nuestro país poco o nada tiene que ver con la genial cinta que nos regalara el ahora denostado Brian Singer en el año 1995. Pero no puedo evitar recordar este filme viendo las caricaturas que nos presentan los candidatos a la presidencia del gobierno en todos los informativos.

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